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Te
presentamos un ejercicio que seguramente te asombrará.
Al cabo de un día, siéntate con una hoja
de papel en blanco y escribe todo lo que hiciste ese día.
Todo, incluso cada detalle. Si eres realmente concienzudo
y honesto, concluirás una lista con más
de 100 puntos en ella.
Ahora
regresa y ordena tus actividades de acuerdo a la siguiente
escala, la cual fue desarrollada por Richard Foster:
1.- Esencial
2.- Importante pero no esencial
3.- Útil pero no necesario
4.- Trivial
Cuando hayas finalizado,
mira la lista. Considerarás dos cosas sobresalientes.
Primero, notarás cuántos detalles hay en
un día. ¿Cómo hiciste todo eso? Segundo,
cuánto tiempo gastaste en cosas triviales e innecesarias,
y cuán poco tiempo dedicaste a los detalles esenciales
e importantes. Asumiendo que fuiste honesto, ahora tienes
una medida de tus prioridades, pero en realidad son las
cosas innecesarias y triviales las que ocupan la mayoría
de tu tiempo.
El problema es que los detalles de nuestras vidas realmente
no importan demasiado cuando los miras desde la perspectiva
de Dios. No es que Dios no se interese por nuestras pequeñas
cosas, Él se interesa por ellas más de lo
que hacemos nosotros. Todo lo que Él pregunta es
si ponemos a Dios a la cabeza de nuestra lista de prioridades.
Jesús hizo
una simple declaración acerca de las prioridades
cuando dijo: “Pero buscad primero su reino y su
justicia” (Mateo 6.33-BA). ¿Qué quiso
decir con esto? En vez de estar preocupado de los detalles,
visualiza a Dios primero. Confíale el orden de
tus prioridades. Confíale el manejo de las pequeñas
cosas.
Cuando reduces tus prioridades a Dios, entonces los demás
detalles se ubican correctamente en su lugar, pero no
en forma inmediata. Si esto es nuevo para ti, va a llevarte
algún tiempo. Pero en un tiempo relativamente corto,
si permaneces, tendrás un enfoque más claro
y efectivo en tu vida. ... En las pequeñas cosas
- Puedes comenzar tu día sin Dios. Pero en realidad
nunca lo habrás comenzado.
- Si te encuentras poniendo tu confianza en el dinero,
inteligencia, belleza, o logros, recuerda que todas esas
cosas vienen de Dios. Piensa entonces en quién
debes poner tu confianza.
- La forma en que enfrentas la vida cada día depende
de lo que traigas a tu vida cada día.
- No te preocupes tanto por el cuándo, no sea que
pierdas el ahora.
- Esfuérzate por ser una persona de fe más
que una persona de fama.
- Si lo que estás haciendo no tendrá un
impacto en al menos cinco años, probablemente no
sea importante ahora.
- Tu sabrás que algo llegará a ser de valor
cuando pase de tu cabeza a tu corazón y a tus manos.
- Para encontrar tus prioridades en la vida, examina tus
excesos.
- No permitas que tus sueños se desvanezcan.
- No puedes planear el futuro mirando por el espejo retrovisor.
- Cuando mires hacia el futuro, hazlo con valentía.
- Lo que piensas cuando no tienes nada para hacer revela
lo que es importante para ti.
- Abraza el poder del amor. Rechaza el amor al poder.
- Vivir una vida buena es demás valor que “darse
una buena vida”.
El
contentamiento es bueno para el alma
Como en muchas palabras, hemos perdido el significado
de contentamiento. De alguna manera tenemos la noción
de que el contentamiento es lo opuesto al éxito.
Nosotros creemos que podemos acceder al contentamiento
sólo si dejamos de esforzarnos. ¿Y quién
desea hacer eso? Tememos que si nos quedamos quietos por
un momento, el mundo nos pase por encima, de modo que
nos proponemos en nuestro interior la posibilidad de estar
contentos algún día, quizás cuando
nos jubilemos.
Si eres una persona normal que trata de ir hacia adelante
en la vida, probablemente contentamiento sea lo último
que sueñas alcanzar, con todo existe una buena
posibilidad de que tú lo anheles ansiosamente.
¿Por qué? Porque en el fondo, contentamiento
es paz en el alma. Contentamiento es felicidad. La persona
que está contenta tiene poco o nada de tensiones.
Sin embargo, fingimos ir hacia adelante como soldados
en la batalla. Nos zambullimos en el turbulento río
de la sociedad y nos dejamos llevar por la corriente del
consumismo, de los compromisos, y del trabajo excesivo.
¿Y todo por qué? Por encontrar la felicidad.
Paz para el alma. Satisfacción. Pero sólo
nos estamos engañando a nosotros mismos. Afanándonos,
consumiendo, y acumulando nunca nos llevará a la
feliciad. Sino más bien, nos provoca ansiedad,
preocupación, infelicidad y a la larga ineficacia.
Aun mientras lees, reflexiona en tu mente y medita sobre
algunas cualidades del verdadero contentamiento.
En primer lugar, tener contentamiento no significa ser
perezoso. El descontento afecta tanto al rico como al
pobre, sin distinción. Lo que ellos tienen en común
es que ambos quieren más cosas.
En segundo lugar, no compares contentamiento con ser inferior
o de poca iniciativa. Hay un poder tremendo en el contentamiento,
pero cuando tú estás contento con lo que
tienes, eres libre. Eres libre de pretensiones, libre
en lo concerniente a tenerlo todo ahora: y libre de tensiones.
En tercer lugar, no sólo es posible sino deseable
el tener contentamiento y ambición a la vez. Si
tus ambiciones vienen de un deseo por servir a Dios, ayudar
a otros, y crecer tú mismo, entonces harás
un tremendo impacto a tu alrededor, y el cumplimiento
de tus ambiciones te brindará mucha felicidad y
contentamiento.
...En las pequeñas cosas
- No adquieras todo lo que deseas.
- El contentamiento con tu situación te ocasionará
satisfacción.
- Si tú crees por un momento que tú eres
dueño aun de una simple posesión, tu contentamiento
se atará a ella.
- Si no puedes dormir en la noche, revisa la almohada.
- Si no puedes dormir por dos noches, revisa tu colchón.
- Si no puedes dormir por tres noches, revisa tu conciencia.
- La alegría proviene más del hecho de controlar
tus pasiones que de dar rienda suelta a ellas. - No consideres
tu infortunio como una desgracia, siempre hay alguien
a quien le suceden cosas peores, siempre.
- Disfruta la felicidad, atesora la alegría.
- El mejor tiempo para relajarte es cuando estás
demasiado ocupado.
- Ten cuidado con la poca productividad de una vida ocupada.
- Ama la tranquilidad.
- Puesto que el agotamiento comienza y termina en tu interior,
allí es donde debe empezar un genuino descanso.
- Aprende a relajarte sin sentirte culpable.
- Vive entre la complacencia y la crisis.
Este
artículo ha sido tomado del libro:
Dios en las
pequeñas cosas. Por Bruce y
Stan
Editorial Unilit |
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