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Es
común que aunque en la Biblia la rebeldía
se define como el acto de desobedecer mandamientos de
Dios, los dictadores religiosos llamen rebeldes a los
que salen de debajo de su sistema de control. Esto es
sólo un método de manipulación para
presionar a la gente y no debe tomarse en cuenta, pues
en la Escritura, Dios llama rebeldes exclusivamente a
aquellos que desobedecen los preceptos éticos divinos.
Si
una persona que decide dejar una organización religiosa
no es culpable de alguna fechoría o incumplimiento
de sus compromisos, entonces, ¿en dónde
está la rebeldía? El término “rebelde”
por lo regular se le aplica a las personas cuando se niegan
a ser cómplices de manipulaciones doctrinales y
actos ilícitos de líderes autoritarios.
Es sorprendente que aquellos ministros y sectas que están
fuera de autoridad espiritual, tengan el cinismo de llamar
rebeldes a aquellos que ciñéndose a las
Escrituras los cuestionan, piden reformas a prácticas
autoritarias, se niegan a participar en ilícitos
y los denuncian. Dicho de otro modo, hay sistemas religiosos
que están en rebeldía, y que llaman rebeldes
a aquellos que actúan en consonancia con la autoridad
de las enseñanzas de Jesús. ¡Increíble!
Irónicamente, el Nuevo Testamento mismo es el que
califica de rebelde a aquellos ministros y grupos religiosos
que aparte de sus innumerables fraudes, inmoralidades
y desobediencia al Evangelio de Cristo, condenan a los
inocentes llamándoles “rebeldes”.
Nunca debemos temer las acusaciones de “rebeldía”
que provienen de ministros que viven en forma inmoral
o deshonesta o que se han apartado de las enseñanzas
de Cristo. No tienen ninguna autoridad divina.
El
mito de que no hay que cuestionar a los ungidos.
Una de las enseñanzas favoritas para infundir miedo
y mantener las conciencias de la gente cautivas y sin
utilizar su razón, está basada en este texto
del Antiguo Testamento: “... no toquéis,
dijo, a mis ungidos...” Salmo 105:15)
Con este pasaje los líderes autoritarios pretenden,
en primer lugar, establecerse ellos mismos como tales
ungidos. En segundo lugar enseñan que nadie en
su congregación puede cuestionar en base a las
Escrituras al ministro, ni señalar que alguna práctica
o doctrina está mal, ¡mucho menos decir que
está en pecado, aunque sea comprobable y esté
afectando a las personas!, pues eso es “tocar al
ungido” y según dicen ellos, “te acarreará
el castigo de Dios sobre tu vida”.
De esta manera pueden enseñar lo que ellos quieran,
y así también pueden conducirse como mejor
les parezca sin tener que responder ante nadie por nada
de lo que hacen.
Esta doctrina de “sujeción a la autoridad”
no sólo es falsa, también es contraria a
las enseñanzas de Jesús, pues el Nuevo Testamento
enseña que si nuestro prójimo “cae
en pecado o enseña error, tenemos la obligación
de exhortarlo: “Por tanto, si tu hermano peca contra
ti, ve y repréndele estando tú y él
solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. Mateo
18:15
El Nuevo Testamento enseña que si nuestro prójimo
está en pecado, tenemos el deber y compromiso de
confrontar su falta. El negarse a hacer eso es pecado.
Es una falta de amor.
El mito de que no hay que cuestionar a los autonombrados
ungidos es falso, pues se contradice con estos claros
mandamientos del Nuevo Testamento.
La interpretación correcta del texto: “No
toquéis, dijo, a mis ungidos”.
¿Entonces qué significa realmente el pasaje
del Salmo 105:15?
En primer lugar se refiere, en el contexto, a Abraham
y su descendencia en su etapa inicial como “los
ungidos”, no a un líder particular. En ese
caso una aplicación moderna del pasaje sería
que no se debe tocar a ningún miembro del pueblo
de Dios.
¿Pero qué significa “tocar”?
Bueno, el pasaje fue dado para que las poderosas naciones
vecinas del pueblo hebreo, en aquel entonces un pequeño
grupo nómada, no lo saquearan, mataran o robaran
mientras iban en sus peregrinaciones. “Tocar”
significaba en el contexto, no dañar físicamente
a Abraham y su familia. Esto es todo lo que dice el pasaje
y si nos damos cuenta, esto no tiene nada que ver con
que esté prohibido confrontar, reprender, denunciar,
cuestionar o apartarse de un líder religioso que
delinque o tuerce las enseñanzas de Cristo.
Si como los líderes autoritarios nos dicen, “tocar”
a un ungido es cuestionar a un ministro y eso está
prohibido, entonces ¿por qué Pablo cuestionó
y reprendió a Pedro y luego registró el
hecho en una carta como ejemplo a los cristianos de Galacia?
(Gálatas 2:11-16)
Aprendamos esto: La Biblia nos permite tanto cuestionar
a los ministros, como también confrontarlos cuando
vemos que hay un serio error doctrinal o de praxis ética
en sus vidas. Esto lo establece claramente la Palabra
de Dios:
- “Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos
duramente, para que sean sanos en la fe”. Tito1:13
- “Que prediques la palabra; que instes a tiempo
y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda
paciencia y doctrina” 2ª. Timoteo 4:2-3
- “Como te rogué que te quedases en Efeso,
cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que
no enseñasen diferente doctrina” 1ª.
Timoteo 1:3
De hecho, no sólo tenemos el derecho de cuestionarlos.
También tenemos el derecho de abandonarlos y salir
de su esfera de influencia si se rehúsan a corregir
su conducta inmoral o enseñanzas torcidas. Leamos
lo que enseña al respecto Cristo:
- “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos;
y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en
el hoyo”. Mateo 15:14
- “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos;
si te oyere, has ganado un hermano. Mas si no te oyere,
toma aún contigo a uno o dos, para que en boca
de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los
oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia,
tenle por gentil y publicano”. Mateo 18:15-17
Con todo lo anterior vemos que los grupos autoritarios
manipulan las Escrituras para evitar rendir cuentas de
sus acciones a los fieles.
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