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“Porque de
Él, por Él y para Él son todas las
cosas. A Él sea la gloria para siempre.”
(Romanos 11:36, BLA). Todo es para Dios. El objetivo final
del universo es mostrar la gloria de Dios. La gloria de
Dios es el porqué de la existencia de todo, incluida
tu persona. Dios hizo todo para su gloria. Sin la gloria
de Dios, no habría nada.
¿Qué
es la gloria de Dios?
Es Dios. Es la esencia de su naturaleza, el peso de su
importancia, el brillo de su esplendor, la demostración
de su poder y la atmósfera de su presencia. La
gloria de Dios es la expresión de su bondad y todas
las demás cualidades intrínsecas y eternas
de su persona.
¿Dónde
está la gloria de Dios?
Observa a tu alrededor. Todo lo que Dios creó refleja
–de una u otra manera– su gloria. La vemos
en todas partes: desde las formas de vida microscópicas
más diminutas hasta la extensión de la Vía
Láctea, desde los atardeceres y las estrellas hasta
las tormentas y las cuatro estaciones. La creación
revela la gloria de nuestro Creador. En la naturaleza
aprendemos que Dios es poderoso, que disfruta de la variedad,
ama la belleza, es organizado, sabio y creativo. La Biblia
dice: «Los cielos cuentan la gloria de Dios»
(Salmos 19:1).
La gloria de Dios
se ve mejor en Jesucristo. Él, la luz del mundo,
ilumina la naturaleza de Dios. Gracias a Jesús,
no estamos más en oscuridad con respecto a lo que
Dios realmente es. La Escritura dice: «El Hijo es
el resplandor de la gloria de Dios» (Hebreos 1:3;
2 Corintios 4:6b, BAD). Jesús vino al mundo para
que pudiéramos entender cabalmente la gloria de
Dios.
Dios posee una
gloria inherente, porque es Dios. Es así por naturaleza.
No podemos agregar nada a esa gloria, así como
tampoco nos sería posible hacer que el Sol brillara
con más intensidad. El mandamiento que tenemos
es que debemos reconocer su gloria, honrar su gloria,
declarar su gloria, alabar su gloria, reflejar su gloria
y vivir para su gloria. (1 Crónicas 16:24; Salmos
29:1; 66:2; 96:7; 2 Corintios 3:18). ¿Por qué?
¡Porque Dios se lo merece! Le debemos toda la honra
que seamos capaces de darle.
En todo el universo
hay solo dos creaciones de Dios que fallaron en darle
gloria: los ángeles caídos –los demonios–
y nosotros –las personas–. Todo pecado, por
naturaleza, es fallar en darle gloria a Dios. Pecar es
amar cualquier cosa más que a Él. Negarse
a darle gloria a Dios es una rebeldía vanidosa:
el pecado que provocó la caída de Satanás,
y la nuestra también. De distinta manera todos
hemos vivido para nuestra propia gloria y no para la de
Dios. Ninguno de nosotros le hemos dado a Dios toda la
gloria que merece de nuestra parte. Este es el peor pecado
y el error más grave que podemos cometer. Por otro
lado, vivir para la gloria de Dios es el mayor logro que
podemos alcanzar en nuestra vida. Debería ser la
meta suprema de nuestra vida, porque Dios dice que «somos
su pueblo, creado para su gloria» (Isaías
43:7, PAR).
¿Cómo
puedo dar gloria a Dios?
Jesús le dijo al Padre: «Yo te glorifiqué
en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste
que hiciera» (Juan 17:4, LBLA). Jesús honró
a Dios pues cumplió su propósito en esta
Tierra. Nosotros lo honramos del mismo modo. Cuando algo
en la creación cumple con su propósito,
eso le da gloria a Dios. Las aves dan gloria a Dios cuando
vuelan, trinan, hacen sus nidos y otras actividades propias
de las aves según el designio divino. Hasta la
humilde hormiguita da gloria a Dios cuando cumple el propósito
para el que fue creada. Dios creó a las hormigas
para que fueran hormigas, y te creó a ti para que
fueras tú. San Ireneo dijo: «¡La gloria
de Dios es un ser humano lleno de vida!»
Hay muchas maneras
de dar gloria a Dios, pero pueden resumirse en los cinco
propósitos de Dios para nuestra vida.
Glorificamos
a Dios cuando lo adoramos
La adoración es nuestra primera responsabilidad.
Adoramos a Dios cuando disfrutamos de su compañía.
C. S. Lewis escribió: «Al ordenarnos glorificarlo,
Dios nos invita a disfrutar de Él». Él
quiere que nuestra adoración brote del amor, de
la gratitud y del gozo, no de la obligación.
John Piper señala:
«Cuanto más satisfechos nos sentimos en Él,
más glorificamos a Dios».
La adoración
es más que alabanza, canto y oración a Dios.
Es un estilo de vida que implica gozar de Dios, amarlo
y entregarle nuestra vida para que la use de acuerdo con
sus propósitos. Cuando usamos nuestra vida para
la gloria de Dios, todo lo que hacemos se convierte en
un acto de adoración.
Glorificamos a
Dios cuando amamos a los demás creyentes
Con el nuevo nacimiento nos convertimos en miembros de
la familia de Dios. Seguir a Cristo no es solo cuestión
de creer; también implica pertenecer a su familia
y aprender a amarla. Pablo dijo: «Acéptense
mutuamente, así como Cristo los aceptó a
ustedes para gloria de Dios» (Romanos 15:7 - PAR).
Nuestra segunda gran responsabilidad en esta Tierra es
aprender a amar como Dios ama, porque Dios es amor, y
si lo amamos lo honramos.
Glorificamos
a Dios cuando nos asemejamos más a Cristo
Cuando nacemos en la familia de Dios, Él quiere
que crezcamos hasta alcanzar la madurez espiritual. ¿Qué
significa esto? La madurez espiritual consiste en pensar,
sentir y actuar como lo haría Jesús. Cuanto
más desarrollemos nuestro carácter conforme
al de Cristo, más reflejaremos la gloria de Dios.
La Escritura afirma que «somos como un espejo que
refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra
vida. Gracias a la acción de su Espíritu
en nosotros, cada vez nos parecemos más a él»
(2 Corintios 3:18, BLS).
Dios nos dio una
vida y una naturaleza nuevas cuando recibimos a Cristo.
De ahora en adelante, por el resto de nuestra vida sobre
esta Tierra, Dios quiere continuar el proceso de transformación
de nuestro carácter. La Biblia dice que podemos
ser «llenos del fruto de justicia que se produce
por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios»
(Filipenses 1:11, PAR; Juan 15:8, PAR). Entonces Dios
recibirá la gloria.
Glorificamos
a Dios cuando servimos a los demás con nuestros
dones
Dios nos diseñó a cada uno de nosotros de
forma única en cuanto a talentos, dones, habilidades
y aptitudes. La manera en que has sido «cableado»
no es casual. Dios no te dotó de aptitudes para
propósitos egoístas. Cuentas con estas facultades
para beneficio de otros, así como las otras personas
cuentan con aptitudes para tu beneficio. La Biblia dice
que «cada uno ponga al servicio de los demás
el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia
de Dios en sus diversas formas (...) el que presta algún
servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios.
Así Dios será en todo alabado por medio
de Jesucristo» (1 Pedro 4:10-11, PAR; 2 Corintios
8:19b, PAR).
Glorificamos
a Dios cuando testificamos
Dios no quiere que su amor y sus propósitos sean
un secreto. Una vez que conocemos la verdad, espera que
la comuniquemos a los demás. ¡Qué
gran privilegio! Podemos presentarles a Jesús,
ayudarles a descubrir su propósito y prepararlos
para la eternidad. La Biblia afirma que a medida que «la
gracia (...) está alcanzando a más y más
personas (...) [abunda] la acción de gracias para
la gloria de Dios» (2 Corintios 4:15, PAR).
¿Para
qué vivirás?
Vivir el resto de tu vida para la gloria de Dios requiere
cambios en tus prioridades, en tus planes, en tus relaciones,
en todo. Algunas veces implicará elegir el camino
difícil en lugar del fácil. Incluso Jesús
tuvo que luchar contra esto. Cuando sabía que muy
pronto habrían de crucificarlo, exclamó:
«Ahora todo mi ser está angustiado, ¿y
acaso voy a decir: "Padre, sálvame de esta
hora difícil"? ¡Si precisamente para
este propósito he venido! ¡Padre, glorifica
tu nombre!» (Juan 12:27-28, PAR).
Jesús estaba
en un cruce de caminos. ¿Cumpliría su propósito
y glorificaría a Dios, o se retractaría
para tener una vida cómoda y egocéntrica?
Te enfrentas a una decisión similar. ¿Vivirás
para alcanzar tus propias metas, la comodidad y el placer,
o para la gloria de Dios, sabiendo que Él te prometió
recompensas eternas? La Biblia dice que «el que
se aferra a su vida tal como está, la destruye;
en cambio, si la deja ir (...) la conservará para
siempre, real y eterna» (Juan 12:25, PAR).
Es hora de definir
este asunto. ¿Para quién vivirás?
¿Para ti o para Dios? Jesús te dará
todo lo que necesites para vivir para Él. No te
preocupes. Dios te proveerá de todo lo necesario
si decides vivir para él. La Biblia dice que «todo
lo que implica una vida que agrada a Dios nos ha sido
dado por milagro, al permitirnos conocer, personal e íntimamente,
a Aquel que nos invitó a Dios» (2 Pedro 1:3,
PAR).
Ahora mismo Dios
te invita a vivir para su gloria, a cumplir los propósitos
para los que te creó. En realidad, es la única
manera de vivir. Todo lo demás es mera existencia.
La verdadera vida comienza con el compromiso absoluto
con Jesucristo. Si no estás seguro de haberlo hecho,
lo único que necesitas hacer es recibirlo y creer.
La Biblia promete: «Mas a cuantos lo recibieron,
a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser
hijos de Dios» (Juan 1:12). ¿Aceptarás
el ofrecimiento de Dios.
Tomado
con permiso del libro: Una vida con propósito,
de Rick Warren, Editorial Vida
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