Priva a tu alma de agua
espiritul, y ella también te lo dirá.
Los corazones deshidratados envían mensajes desesperados.
Temperamentos irritados. Olas de preocupación.
Culpa y temor crecientes. Desesperanza. Resentimiento.
Inseguridad. Insomnio. Soledad. Esas son señales
y advertencias, síntomas de una sequedad en lo
más profundo del ser.
Quizás nunca lo hayas
visto así. Pensaste que eran como policías
acostados, una parte necesaria e ineludible de la vida.
¿Cambios de ánimo? Todos pasan días
grises, sábados tristes y domingos largos y aburridos.
¿Acaso no son
inevitables esas emociones?
Sí que lo son.
Aunque de ningún modo inextinguibles. Considera
los dolores de tu corazón, no como luchas que
debes soportar, sino como una sed interna que necesitas
saciar.
Dios te invita a tratar tu alma
sedienta así como tratas tu sed física.
Dios no te creó para vivir con el corazón
deshidratado.
De hecho, tu hacedor te creo
con sed para que sirva como iniciador de sequedad.
Y “¡así como
nuestra sed física no nos engaña!”
pues hay un líquido vital existente para saciarla;
“¡la sed de tu alma, tampoco te engaña”!,
pues es un de los grandes indicadores, no solo de la
existencia de un Dios, sino también de la respuesta
vital (agua de vida) para tu alma, de dicho Dios.
¿Cómo se
logra esto?
Empieza por hacer caso a tu sed.
No pases por alto tu sensación
de soledad. No niegues tu rabia. Estos son algunos de
los síntomas y las señales que no debes
ignorar. Necesitas hidratación. No dejes que
tu corazón se vuelva una pasa de uva. Por tu
bien y el de aquellos que necesitan tu amor. ¡Hidrata
tu alma! Obedece a tu sed.
¿Qué podemos
hacer al respecto?
Lo que hacemos típicamente
no funciona.
Nos vamos de vacaciones, tomamos
píldoras, drogas o alcohol, lo arriesgamos todo
en el juego, aventuras en brazos más jóvenes,
un amor prohibido, adicción al trabajo con semanas
laborales de ochenta horas, etc.
Dan cierto sentido de realización
y saciedad, pero nunca quitarán la sed del alma.
A esto se lo llama <<Sorber del pantano>>.
Allí hay sustancias que no estamos hechos para
ingerir.
Y ten mucho cuidado con las botellas
que tienen la etiqueta de “Religión”.
Jesús lo tuvo. Observa en qué situación
decide pronunciarse. No está hablando a prostitutas,
ladrones, belicosos, tampoco a presos ni a alumnos de
un reformatorio. No, se dirige a los observantes y a
los asistentes fieles de una convención religiosa.
Era el equivalente del vaticano
en domingo de resurrección. Están desplegados
los símbolos religiosos como en una venta callejera:
el templo, el altar, las trompetas y las túnicas
adornadas.
Estos son símbolos simplemente y él no
los puso como fuentes. El apunta hacia sí mismo,
en donde los símbolos se cumplen. La religión
apacigua, pero nunca satisface. Bébelo a él.
¿Cómo y
donde hallamos agua para el alma?
Jesús dio una respuesta
cierto día de octubre en Jerusalén. La
gente había llenado las calles para la representación
anual del milagro del agua que salió de la roca
por medio de Moisés.
En honor a sus ancestros nómadas, dormían
en tiendas o tabernáculos. Como tributo a la
corriente del desierto, derramaban agua.
Cada mañana un sacerdote
llenaba un jarrón dorado con agua de los manantiales
de Gihón y lo llevaba por un sendero rodeado
de espectadores hasta el templo. Hacía esto una
vez por día durante siete días.
En el último, el gran
día de la fiesta, el sacerdote daba siete vueltas
alrededor del altar, empapándolo con siete vasijas
llenas de agua.
Y en ese día fue cuando Jesús convocó
la atención del pueblo.
<<En el último y gran día de la
fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la
voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí
y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura,
de su interior correrán ríos de agua viva…Esto
dijo del Espíritu que habían de recibir
los que creyesen en él>>
Toda la gente sorprendida, se quedó mirando la
interrupción, en ese día y momento, no
era nada común, era casi interrumpir la gran
fiesta. Observemos la secuencia:
…puesto en pie (al alcance de la vista de todos)
¿Acaso lo habían visto hablar con tanta
intensidad?
…Alzó la voz… (Los rabinos enseñaban
sentados y calmos) los Evangelios usan el mismo verbo
griego para describir el volumen en la voz de Jesús.
Cuando Pedro pidió auxilio en el mar tormentoso,
el endemoniado grito misericordia. Y el hombre ciego
dio voces al clamar por su vista.
No fue un simple murmullo. Dios hizo tronar el martillo
del cielo.
¿Por qué?
Porque Cristo demanda
la atención de todos, incluyéndote.
Exclamó por que le quedaba poco tiempo. Incluso
el tuyo esta a distancia de la falta de un suspiro
Porque la gente moría de sed.
Dios no quedó callado. Nadie podrá decir
que no lo escucho. Su amor es vehemencia en alta vos.
Nos dirigió la palabra y es una palabra buena,
buenas noticias de salvación, un Evangelio. Por
lo que fue con voz en cuello. La justa interrupción
de cualquier cosa con pretensiones de saciar incumplidas.
Jesús lanzó
a gritos su invitación:
¿Se están marchitando interiormente?
Beban de mí.
Solo necesita tu permiso. Como
el agua, Jesús no entrará si no optas
por ingerir y tragar. Hasta que te decidas beber el
agua no te dará beneficios. Puedes meterte asta
el cuello en medio de un río y sin embargo morir
de sed. Amenos que bebas de Cristo, seguirás
siempre sediento. Bébelo a El. Y bebe con frecuencia.
Para tal fin, te ofrezco esta
herramienta: Una oración para el corazón
sediento.
Llévala como el ciclista lleva so botella de
agua. La oración incluye cuatro líquidos
esenciales para la hidratación del alma: la obra
de Dios por ti, la energía de Dios, su señorío
y su amor.
-Señor vengo sediento.
Vengo a beber y recibir. Recibo tu obra en la cruz y
en tu resurrección. Mis pecados son perdonados
y mi muerte es derrotada.
Recibo tu energía. Revestido
de poder por tu Espíritu Santo, puedo hacer todas
las cosas por medio de Cristo, que me fortalece. Acepto
también tú Señorío. Yo pertenezco
a ti. Nada viene a mí sin haber pasado primero
por ti. Recibo asimismo tu amor eterno. Nada puede separarme
de tu amor.
¿Acaso no necesitas
sorber frecuentemente de la represa de Dios? Yo sí.
Le he ofrecido esta oración
en un sin número de situaciones:
Reuniones angustiosas, días insulsos, recorridos
extensos, viajes exigentes, decisiones que someten a
prueba el carácter. Muchas veces al día
voy al manantial subterráneo de Dios y a cambio
de mi pecado y muerte recibo de nuevo su obra, la energía
de su Espíritu, su señorío y su
invariable amor.
Bebe conmigo de su pozo
sin fondo. No tienes que vivir con un corazón
deshidratado.
Recibe la obra de Cristo en la
cruz.
La energía de su espíritu,
Su señorío sobre tu vida,
Su amor inextinguible e infalible.
Bebe hasta lo profundo y bebe
con frecuencia. Así fluirán de ti ríos
de agua viva.