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Actos y Actitudes
Andrés Miranda

El poder profético de las actitudes

Si de alguna manera las personas van a empezar a creer y a tener fe en el evangelio, va a ser por las actitudes de los cristianos y no tanto por sus actos.

Un acto es fácil de organizar. Se colocan unas banderas, una plataforma, algunas flores y ya está. Los actos se arman y se desarman, se montan y se desmontan, se preparan y se presentan. Pero las actitudes nacen del corazón. Las actitudes brotan de lo que uno es. Son el reflejo de lo que tenemos dentro. No hay maquillaje, ni disfraz para las actitudes. Somos lo que nuestras actitudes revelan.

Tenemos control sobre un acto, sabemos provocar sentimientos y reacciones. Podemos preparar una bonita conferencia e impresionar a nuestros invitados, pero también podemos echarlo todo a perder con una mala actitud. Con un acto se puede causar una buena imagen de lo que uno es o de lo que uno quiere que los demás piensen. Pero con una actitud se puede herir el corazón de alguien, se puede dañar los sentimientos y se puede además quebrar los vínculos de una relación personal.

¿Por qué nos preocupamos tanto por organizar eventos y actividades de impacto y no nos preocupamos del impacto de nuestras actitudes?

Si algo va a afectar a la gente no serán los eventos, las actividades o los programas, los actos, sino nuestra forma de vida, nuestro proceder...nuestras actitudes. Si por alguna razón las personas van a creer este mensaje será más que nada por ver y comprobar la manera que este mensaje nos afectó y nos trasformó a nosotros mismos.

Las actitudes de alguna forma, revelan lo que tú piensas de los demás. Aunque con tu boca digas algo distinto. Tu actitud lo define todo. No alcanza que digas que amas, debes reflejarlo con actitudes coincidentes. No basta con que digas que necesitas a alguien, debes hacerlo sentir valioso. Hay quienes dicen tener valores altos, pero sus actitudes dicen que en realidad tienen valores bajos. Hay quienes se dicen «hijos de Dios» pero ante diversos problemas tienen actitudes más bien de «hijos del diablo». La vieja diferencia entre lo que digo que soy y lo que demuestro.

LOS ACTOS PROFETICOS
En los últimos años se ha popularizado la realización de «actos proféticos». He participado en muchos de ellos. Por ejemplo para confesar los pecados de la ciudad, para tomar un lugar para Dios, para quebrar maldiciones sobre una nación, etc. Son actos fuertes a nivel espiritual.

Son momentos intensos de oración y clamor. Son actos que influyen en el mundo espiritual. No obstante ello, he comprobado que nuestras actitudes no son coherentes con nuestros actos. Si hay una victoria en el mundo espiritual y toda verdad es paralela, o sea que tendría que haber una victoria en el mundo material. Pero a veces no la hay porque nosotros mismos somos el impedimento.

Quiero ser claro. Si en un acto profético reclamamos una ciudad para Cristo y luego no vamos a ella a hacer evangelismo nada va a pasar. Si un grupo de pastores proclama un pueblo para Cristo y luego se pelean entre si o nunca oran juntos, tampoco va a pasar nada. Si yo me paro en el edificio más alto de la ciudad y en un acto profético la consagro para Dios y luego bajo y no me junto con nadie, no tengo relación con otros colegas, no sé pedir ni recibir perdón ¿cómo puedo creer que esa ciudad quedó consagrada para Dios?

Lo que consagra a las ciudades no son los actos sino las actitudes.

Los actos proféticos son importantes y producen victoria en el mundo espiritual, pero esa victoria no se hará realidad en el mundo material a menos que hagamos lo que debemos hacer. ¿Qué debemos hacer? Salir y predicar el evangelio por todas partes, amar al hermano, perdonar y ser perdonado, ayudar al que necesita ayuda...hacer como Jesús, que vivía lo que predicaba y predicaba lo que vivía.

La lucha más tonta y sin sentido es entre los que creen que los actos proféticos traen resultado y los que creen que los actos proféticos no traen resultado. Sí que traen resultados por que dice la Biblia que «nuestra lucha no es contra sangre y carne» o sea contra personas, sino contra «huestes espirituales de maldad». Pero hacer «guerra espiritual» y después quedarse de brazos cruzados es lo más inútil que podemos hacer. Después de un acto profético deberíamos preguntarle al Señor ¿y ahora qué tengo que hacer para asegurar esta victoria?

VIVIR LO QUE PREDICAMOS
Oí decir al pastor Larry Lea «Después de tantos años ya no me impresionan los sermones, me impresionan las vidas».

Cuando la iglesia primitiva comenzó su dinámica expansión en la sociedad judía del primer siglo, lo que más impactaba a la gente era cómo vivían y se relacionaban los cristianos. Al punto de que por ello, muchos querían integrarse.

Los cristianos del siglo veintiuno tenemos que cambiar de mentalidad y pedir los frutos del Espíritu para manifestarlos, no dentro de las cuatro paredes del templo sino afuera, en las calles, entre y con la gente. Desarrollar actitudes genuinas, del corazón, que afecten positivamente a una sociedad descreída y decepcionada de todo. Nadie puede robarle a los cristianos las banderas de la bondad, la compasión, la justicia, la misericordia y el amor.

Levantemos el nombre de Cristo no con actos solamente sino con actitudes también. Actitudes que sanen, que restauren, que animen, que en definitiva glorifiquen al Dios al que decimos servir. En definitiva y al final, la Biblia dice que seremos juzgados por nuestras relaciones no por nuestras habilidades.

CONCLUSION
Un amigo suele decir que los creyentes somos la sal de la tierra, una de las cosas que hace la sal en las comidas, además de dar sabor, es dar sed. Así también cuando los creyentes son sal en la tierra, provocan sed en las personas de saber por qué son así. Es una sed de Dios, ellos quiere saber qué tenemos, qué nos hace diferentes. Cuando lo descubren lo quieren también.

Cuando lleguemos ante él, Jesús dirá “cuando estuve enfermo me visitaste, cuando tuve sed me diste de beber, cuando estuve desnudo me cubriste…entra en el reino” El juzgará no lo que sabemos o lo que dijimos, sino lo que hicimos en favor de los demás.
Actitudes y no sólo actos.

 
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