¿Por qué El no
dijo: “Decid a los discípulos y a Juan?”
(Juan era el discípulo amado del Señor).
¿Por qué no dijo:”Decid a mis discípulos
y a Tomás?” Tomás dudaba de la resurrección
del Señor).
El ángel no mencionó
a los mejores discípulos, o a los más
necesitados, sino que específicamente a Pedro.
¿Por qué? ¿Pedro tenia algo tan
diferente de los demás?
Pedro había cometido un
gran pecado tres días antes de este acontecimiento,
un pecado tan grande que impidió que El Señor
pudiese confesarlo delante de los ángeles de
Dios (Lc. 12:9).
Pedro no confesó al Señor
delante de los hombres, ni siquiera delante de una humilde
criada. Sin embargo El Señor quería que
fuesen a decirles a sus discípulos y a pedro
acerca de su resurrección. “Y a Pedro”.
¡Cuan profundo es el significado de estas palabras!
Si algunos hermanos y hermanas
tuviesen tales experiencias como las de Pedro pensarían:
“¡Oh! ¡Yo soy Pedro! He caído.
Lo que hice no es un pecado común. Temo que nunca
podré acercarme al Señor. Sospecho que
El Señor ya me abandonó y, de ahora en
adelante, cada vez que El tenga una tarea importante,
nunca más me la encargara a mí.
Nunca más seré
capas de tener experiencias especiales como aquellas
que tuve con el Señor en al monte de la transfiguración.
No podré ser el compañero del Señor
en el Getsemaní. Cuando confesé el deseo
de morir por el Señor, El dijo: “Antes
que haya cantado el gallo, me negaras tres veces.
En aquel instante, pensé
que el Señor había entendido mal. Cuando
él fue preso, le corte la oreja a un hombre con
la espada, pensando que podía amar al Señor
valientemente. ¡Quien hubiera pensado que incluso
yo podía tropezar!
No tropecé delante de
un sumo sacerdote, ni de alguien con gran autoridad,
ni caí delante de Pilatos que tenía tanto
poder. ¡Caí justamente delante de una pregunta
hecha por una criada! Negué al Señor una
vez, y otra vez; y finalmente comencé a maldecir
y a jurar negando al Señor”.
“Una vez confesé
que El era el Cristo y que era El hijo de Dios. Dije:
“Tú tienes la vida eterna. ¿A quién
iremos?”
No obstante, justamente cuando
vi al Señor listo para ser crucificado, caí.
Cometí el pecado más grande: lo negué.
Aunque haya llorado y me haya arrepentido, no sé
como se sintió el Señor conmigo. Aquel
día, cuando lo negué, habría sido
mejor que El no lo supiera.
¡Sin embargo, exactamente
cuando lo negué, El se volvió a mí
y me miró; eso indica que El ya lo sabía!
¿Qué haré ahora? Nunca más
me atreveré a ir a El. Aunque El me ame, no tendré
la osadía de acercarme a El, pues hay un pecado
que nos separa. Probablemente, nunca más podré
acercarme a El.
“Pero el Señor resucitó.
Aquellas mujeres me trajeron el mensaje que El, clara
y específicamente, había mandado para
mí. ¡Ho! ¡Aún habiendo negado
al Señor por tres veces El no menciono a otro
en particular; sino que a mí, y en forma especial,
como si yo fuese el único de quién se
acordaba. “¡Y a Pedro”! ¡Y a
Pedro!”
¡Esta es, en verdad, la música más
agradable del mundo, y la más maravillosa buena
nueva! Si el Señor les hubiese pedido a las mujeres
que solamente les hablasen a los discípulos,
había pensado que alguien como yo no era digno
de ser Su discípulo, y habría dejado de
serlo.
No habría tenido la osadía
de ir a verlo. Pero el Señor dijo: “Y a
Pedro”. Eso me demostró que aún
El me quería. A pesar de no tener fuerzas, “y
a Pedro” me animó para ir a verlo. El mensaje
traído por las mujeres era verdadero.
El Señor hizo que el ángel
mencionara específicamente mi nombre. El no me
había abandonado. Aún puedo acercarme
a El. ¡He de levantarme para ir a verlo!”.
¡Oh! Este era un pedro
que había caído, un Pedro que había
pecado y un Pedro que había negado al Señor.
Sin embargo, el Señor lo había mencionado
específicamente. ¡Este es el Evangelio!
Hermano:
¿Usted sabía que
una vez que es el Señor lo salvó, usted
es salvo para siempre? 1 Juan 5:13- San Juan 5:24-;
6:47-; 10:27-29-;
Romanos 10:38, 39; Efesios 1:7; etc.…
Aunque usted esté desanimado,
el Señor jamás estará desanimado.
A pesar que usted peque y esté perturbado es
volverse a el, a Su lado, no hay ni siquiera una razón
para no volver. ¿Por qué usted insiste
en recordar su falla, siendo que el Señor ya
no se importa con ella? El Señor sacará
el velo de su rostro hoy, así usted no tendrá
más miedo de El, ni vacilará en acercarse
a El.
Seguramente Pedro aún
se acordaba que cierta vez le había dicho al
Señor: “Aunque todos se escandalicen de
ti, yo nunca me escandalizaré” (Mt. 26:33).
Puede ser que también
recordase que, junto al lago de Genesaret, cuando vio
la gloria del Señor, dijera: “…Apártate
de mí, Señor, porque soy hombre pecador”
(Lc. 5:8). Ahora, sin embargo, conocía su condición
y ¿cómo se atrevería ir al Señor?
Era posible que él aún recordara del pedido
del señor:
“¿Así que
no habéis podido velar con migo una hora?”
Posiblemente permanecía en sus oídos el
mandamiento de Señor: “Velad y orad, para
que no entréis en tentación” (Mt.
26:40_41). De cualquier modo, su condición estaba
lejos de la exigencia del Señor.
¿Cómo podría
atreverse ir a ver al Señor? Sin embargo, él
fue a ver al Señor. Por esa palabra “y
a Pedro” él tuvo la osadía de ir
a verlo.
Hermano, si usted conociese la
intención de la palabra “y a Pedro”,
¿Podría permanecer lejos y no volverse
al Señor? Si conociese el significado profundo
da la palabra “y a Pedro”, no restaría
otra cosa a hacer, sino acercarse al Señor.
¿Qué libro entre
los cuatro evangelios registra este evento de tal forma?
Solamente el evangelio de Marcos.
Marcos era un joven que siguió
a Pedro y aprendió mucho de él. Podemos
decir que el evangelio de Marcos fue dictado por pedro
y escrito por Marcos.
La frase: “Decid a los
discípulos, y a Pedro”, fue especialmente
registrada por Pedro. Esta palabra puede ser que no
haya sido importante para los demás, pero sí,
fue muy importante en el corazón de Pedro.
Cuando el Espíritu Santo
escribió la Biblia, especialmente nos mostró
que las pocas palabras que parecían ser insignificante
para Mateo, Lucas y Juan, eran inolvidables e importantes
para Pedro, que narró el evangelio de Marcos.
“Y a Pedro” tenía
un significado especial para él. En todo tiempo
el recuerdo de estas palabras era dulce. La palabra
de gracias es especialmente memorable para aquel que
recibió la gracia.
Hermanos y hermanas, cuando recordamos
al Señor Al partir el pan, ¿Hay alguien
que cuyo corazón aún está con miedo
de Dios? ¿O hay algún pecado que lo separa
de Dios? Ya lloramos amargamente, nos arrepentimos y
confesamos aquello que hicimos que no era digno del
Señor.
Ahora ¿osamos decirle
al Señor: “Señor me acerco a ti”?
Solo considere: Por amor a usted El voluntariamente
fue a la cruz; ahora ¿El dejará de amarlo
sólo porque usted falló, tropezó
y cayó?
Su amor, con aquel que lo amó en la cruz,
¿Disminuyó? Para
usted, hoy, es fácil no amarlo, no acercarse
a El, ni volverse a El; pero, ¿será que
para El es posible no amarlo, olvidarlo y abandonarlo?
Pedro estaba cayado porque había tropezado, pero
el Señor no se olvidó de él.
Así, si usted no tiene
fuerzas para ir delante de Señor, sólo
tenga el deseo de creer en Su Palabra. El podrá
darle fuerzas para ir hasta El. Si usted tropieza, El
puede levantarlo. Aunque parezca que nunca más
podrá acercarse al Señor nuevamente, si
usted pide en la fe, y se recuerda la palabra”y
a Pedro”, usted será capaz de acercarse
a El. Cuando queremos acercarnos al Señor, aunque
haya una gran distancia y sintamos que no tenemos fuerzas
para ir hasta El, debemos recordar de la palabra “y
a Pedro”.
Era de Pedro, quien había
tropezado, que el Señor se recordaba más.
A pesar de que Pedro no tuvo la osadía de ir
hasta el Señor, Su corazón lo atrajo para
sí, Haciendo que no se escondiese del Señor,
No entendamos mal el corazón del Señor.
Usted puede oír una voz diciendo: “Y a
Pedro”.
Sepa que el Señor no lo
abandonó. El Señor no abandonó
a Pedro, y el Señor tampoco lo ha abandonado
a usted. “Y a pedro” también significa
“Y a usted”.
Usted que falló como Pedro.
Que todos nosotros veamos que
tipo de corazón tiene el Señor para con
nosotros. ¡Si usted viese el corazón del
Señor, no haría nada sino correr hacia
El!