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"Venid a Mí todos los que estáis
trabajados y cargados, que Yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y apreded de mi, que soy
manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso
para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera
mi carga".
(Mateo 11:28-30)
Un sermón predicado por C.H.
Spurgeon, el Domingo, 8 de Enero de 1871, en el Tabernáculo
Metropolitano, Newington, Londres, Inglaterra
Memorables palabras
éstas que mucho hemos repetido y mucho nos han consolado;
pero es posible que no las hayamos escudriñado para
ver la profundidad de su significado. Las obras humanas
rara vez soportarán un cuidadoso examen. Tomad una
aguja perfectamente pulida, que parece sin la más
pequeña desigualdad en su superficie, vedla con el
microscopio, y parecerá una tosca barra de hierro;
pero elegid lo que queráis de la naturaleza, la corteza
o la hoja de un árbol, el ala o la pata de un insecto,
y no descubriréis defecto por mucho que lo aumentéis
o lo veáis.
Tomad así
las palabras de un hombre. La primera vez que las oís
os conmoverán; podéis oírlas otra vez,
y aun admirar su sentimiento; pero cansados pronto de su
repetición, las llamaréis comunes y estimadas
en más de lo que valen. No así las de Jesús,
jamás pierden su frescura ni envejecen. Podéis
repetir sus palabras y jamás agotar su música:
podéis meditarías día y noche sin que
la familiaridad sea causa de menosprecio. Podéis
batirlas en el almirez de la contemplación con la
mano de la crítica, y más perceptible será
su perfume. Disecad, investigad y pesad la enseñanza
del Maestro, palabra por palabra, y cada sílaba os
recompensará.
Cuando paseaba por
la isla de Liddo, cerca de Venecia, y oía el sonido
de las campanas de la ciudad, se me hizo encantadora su
música en tanto que flotaba por la laguna; pero cuando
volví a la ciudad y me senté en el centro
mismo de la música, en medio de todas las campanas,
toda su dulzura se cambió en horrible estrépito,
los dulces sonidos en furioso ruido; ni la más ligera
melodía podía sorprender en ninguna campana,
mientras que estaba fuera de duda la armonía de la
ruidosa compañía. Las palabras de los poetas
y escritores elocuentes pueden, como un todo, y oídas
de lejos, sonar agradablemente; pero cuán pocas de
ellas pueden sufrir un riguroso examen. Las oís sonar
de lejos y son la misma dulzura. Cuando como pecador vagabas
a media noche como viajero perdido en los bosques, ¡cuán
dulcemente os llamaron al hogar! Pero habéis ahora
entrado a la casa de misericordia, os sentáis y escucháis
cada nota distinta del toque perfecto del amor, y admirados
sentís que ni aun arpas angélicas pueden excederlo.
Os conduciré,
si puedo, a las cámaras secretas de nuestro texto,
colocaré sus palabras bajo el microscopio, y miraremos
el interior de cada frase. Desearíamos sólo
que nuestro microscopio tuviese mayor poder amplificador,
y que nuestra habilidad para exponer el texto fuese más
completa, porque contiene minas de instrucción. Leída
superficialmente esta promesa ha alegrado y animado a millares,
pero en el texto hay riquezas que sólo el minero
diligente puede descubrir. Sus lugares poco profundos son
frescos y buenos para los corderos, pero en sus profundidades
hay perlas que esperamos bucear.
Nuestro primer punto
es el descanso: «Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, que yo os haré
descansar.» El segundo punto es el descanso: «Llevad
mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso
para vuestras almas.»
1. Comencemos con
el primer DESCANSO, y sólo para mayor claridad
haremos divisiones.
1. Notad la persona
invitada a recibir este primer descanso: «Venid a mí
todos los que estáis trabajados y cargados.» La palabra
todos llama primero la atención: «Todos
los que estáis trabajados.» Había necesidad
de insertar esa palabra incluyente. ¿No acababa de decir
el Salvador: «Gracias te doy, Padre, Señor del cielo
y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios
y entendidos, y las has revelado a los niños?» Alguno
que oía al Salvador podría haber dicho: «Luego
el Padre ha determinado a quiénes quiere revelar
el Cristo; hay un número escogido según el
arbitrio del Padre, a quienes el Evangelio es revelado,
mientras que de otros queda escondido.»
La precipitada inferencia
que al hombre parece natural deducir de la doctrina es:
«Luego para mí no hay invitación, no hay esperanza;
me es inútil escuchar las amonestaciones e invitaciones
del Evangelio.» Así el Salvador, como para corregir
tal noción desalentadora, anuncia así su invitación:
«Venid a mí todos los que estáis trabajados
y cargados.» No se suponga que la elección excluye
algunos de vosotros de la invitación de la misericordia;
a todos los que trabajáis se os invita. Cualquier
cosa que sea lo que la predestinación envuelva, estad
seguros que de ningún modo limita ni disminuye la
extensión de las invitaciones del Evangelio. Las
buenas nuevas han de predicarse a «toda criatura» bajo el
cielo, y en este pasaje particular se dirigen a todos
los que están trabajados cargados.
La descripción
de la persona invitada es muy completa, la describe activa
y pasivamente -«Todos los que estáis trabajados»-;
he aquí la actividad de los que llevan el yugo,
listos para trabajar por su salvación -«cargados»-,
he aquí la forma pasiva de su condición
religiosa, llevan una carga, están agobiados y muy
cansados por el peso que llevan. Se encontrarán muchos
activamente empeñados en buscar la salvación;
creen que obedeciendo los preceptos de la ley serán
salvos, y esfuerzan hasta lo sumo por hacerlo; se les ha
dicho que la observancia de ciertos ritos y ceremonias también
los salvará, los están observando con el mayor
cuidado; el yugo está sobre sus hombros y trabajan
con diligencia.
Unos trabajan en
oración, otros en sacramentos, otros en privaciones
y mortificaciones; pero considerados como una clase, se
les despierta a sentir mucho la necesidad de la salvación,
y trabajan para salvarse. A éstos dirige el Salvador
su amonestación amante; en efecto, les dice: «este
no es el camino hacia descanso, los trabajos que os habéis
impuesto sufrirán un revés; cesad de vuestros
cansados esfuerzos, y creed en mí, porque luego os
daré descanso; el descanso que mis trabajos han logrado
para los creyentes.» Muy pronto los que son activos en lograr
la salvación por propia justicia caen en el estado
pasivo, y quedan cargados; su trabajo viene a serles carga.
Además de la carga de trabajo de su propia justicia,
viene sobre ellos terrible, tremenda, abrumadora carga de
los pecados asados, y un sentimiento de la ira de Dios debida
a sus pecados.
Un alma que tiene
que llevar la carga de u propio pecado y la de la ira divina
está en verdad muy cargada. Atlas con el mundo en
sus espaldas tenía carga ligera comparado con un
pecador sobre quien montañas de pecado y de ira están
amontonadas. Tales personas están cargadas, además,
de temores y aprensiones: unos justos, otros sin fundamento;
pero como quiera que sea, diariamente crece la carga. Sus
trabajos activos no disminuyen sus sufrimientos pasivos.
La aguda angustia de su alma crecerá en proporción
a sus esfuerzos; y mientras que al principio esperan que
si trabajan industriosamente, disminuirán gradualmente
la masa de su pecado, sucede que su trabajo añade
a su cansancio bajo el peso; sienten un triste chasco, porque
su trabajo no les ha traído descanso; y una carga
de desesperación, porque temen que nunca vendrá
el libramiento. Pues bien, éstas son las personas
a quienes el Salvador llama así: aquéllas
que activamente buscan la salvación, aquéllas
que pasivamente llevan la carga del pecado y de la ira divina.
Implicase también
que éstos no merecen el descanso, porque se
dice: «Venid a mí, y os haré descansar.»
Un don no es por mérito, sino por gracia; salario
y recompensa son para los que ganan; don es asunto de caridad.
¡Oh! , los que hoy sentís vuestra indignidad, que
habéis buscado ardientemente la salvación
y sufrido el peso del pecado, Jesús os dará
gratuitamente lo que no podéis ganar ni comprar;
os lo dará de su propia, rica y soberana misericordia,
y está listo, si a El venís, a dároslo
ahora, porque ha prometido: «Venid a mí todos los
que estáis trabajados y cargados, que yo os haré
descansar.»
2. Nótese
en seguida el precepto aquí asentado: «Venid»
no es «aprended», ni «llevad mi yugo» -eso está en
el versículo siguiente designado para el próximo
grado de experiencia cristiana-, pero el principio de la
palabra del Señor es «Venid a mí», «venid».
Palabra sencilla, pero muy significativa. Venir es dejar
una cosa para acercarse a otra. Venid, pues, vosotros, trabajados
y cargados; dejad vuestras obras legales, vuestros esfuerzos
en que confiáis, vuestros pecados y presunciones;
dejad todo aquello en que hasta hoy habéis confiado
y venid a Jesús, esto es, pensad en el Salvador,
acercaos a Él, confiad en Él.
Contemplad a aquel
que llevó la carga del pecado humano sobre la cruz
del Calvario, donde fue hecho pecado por nosotros. Considerad
a aquel que desde la cruz arrojó la enorme masa de
las transgresiones de su pueblo en sepulcro insondable donde
quedó sepultada para siempre. Pensad en Jesús
el substituto y sacrificio divinamente señalado por
el hombre culpable. Y viendo que es el mismo Hijo de Dios,
siga la fe a vuestra contemplación; descansad en
Él, fiaos de Él como que sufrió en
vuestro lugar, ved en Él el pago de vuestra deuda
por la ira de Dios. Esto es venir a Jesús. El arrepentimiento
y la fe componen este «venid» ~l arrepentimiento que deja
el lugar donde estáis, y la fe que viene a confiar
en Jesús.
Notad que el mandamiento
«venid» es presente y en el idioma griego intensamente presente.
Podría traducirse algo como: «Aquí a mí
todos los que están trabajados y cargados.» Es un
«venid» que significa no «venid mañana o el año
próximo», sino ahora, luego». ¡Acercaos; esclavos,
huid ahora de vuestro capataz! Cansados, confiad ahora en
la promesa, y venid. ¡Venid ahora! Por un acto de fe instantánea,
que os traerá paz instantánea, venid y confiad
en Jesús, y Él os dará descanso. El
descanso seguirá luego al ejercicio de vuestra fe.
Que el Espíritu Santo guíe a alguna alma trabajada
y cargada a Jesús, y que se allegue en este mismo
momento a Él.
Es «Venid a mi».
Notadlo. Hay que confiar en la persona de Cristo. No
«Venid a Juan y oídle decir: "Arrepentíos
que el reino de los cielos se acerca », por allí
no hay descanso. Juan manda una preparación para
el descanso, pero no tiene descanso que dar al alma. Venid,
no a los fariseos que os instruirán en la tradición
y en las jotas y tildes de la ley; pero pasándolos,
id a Jesús el hombre, el Dios, el Mediador, el Redentor,
la propiciación por la culpa del hombre. Si queréis
descanso, venid a Cristo en Getsemaní, a Cristo en
el Calvario, a Cristo resucitado, a Cristo ascendido. Si
queréis descanso, oh almas cansadas, en ninguna parte
lo hallaréis hasta que vengáis y echéis
vuestras cargas a sus queridos pies traspasados, y encontraréis
vida contemplándole a Él. He aquí,
pues, el precepto.
Notad que no es más
que una palabra: «Venid». No es «haced», ni siquiera «aprended».
No es «llevad mi yugo», eso seguirá; pero no debemos
quitarlo de su lugar propio. Para obtener el primer descanso,
el descanso que es asunto de don, todo lo que se os pide
es que vengáis a recibirlo. Lo menos que la caridad
puede pedir al dar la limosna es que vengan por ella. Jesús
os dice: «Venid y tomad lo que gratuitamente os doy. Sin
dinero, sin méritos, sin preparación, venid.
No es más que venir, venir ahora, como estáis,
con vuestra carga, con vuestro yugo aunque sea el del diablo,
y aunque vuestra carga sea la del pecado; con todo, venid
como estáis y os haré descansar. »
3. Nótese
luego la promesa dicha: «Os haré descansar».
«Os haré.» Es descanso que es don; no descanso
por grados hallado en nuestra experiencia, sino dado luego.
Como os. lo mostraré, el versículo siguiente
habla de descanso hallado, trabajado, descubierto; pero
éste es descanso dado. A Jesús venimos; extendemos
la vacía mano de la fe, y se nos da luego descanso
gratuitamente. Es descanso presente, actual, no después
de la muerte; no descanso después de un tiempo de
prueba y crecimiento y progreso, sino descanso concebido
cuando a Jesús venimos, inmediatamente entonces.
Y descanso perfecto también; nada indica que
no lo sea. No leemos: «os daré descanso parcial»,
sino «descanso», tanto como si no hubiera otra forma de
él. Perfecto y completo es en si. Perfecta es nuestra
paz en la sangre y en la justicia de Jesús.
No me detendré
más que para preguntaros si sabéis el significado
de este descanso. ¿Habéis venido a Jesús,
y os ha dado descanso perfecto y presente? Si es así,
sé que veréis con gozo esas dos palabras,
«y yo», y os recordaré el prometedor que habla.
Jesús promete, y Jesús hace. ¿No vino de Él
todo vuestro descanso cuando fue perdonado vuestro pecado?
Desapareció la carga, pero ¿quién la tomó?
Quitóse el yugo, pero ¿quién lo levantó
del hombro? ¿No dais a Jesús hoy la gloria de todo
el descanso de la carga de la culpa? ¿No alabáis
su nombre con toda el alma? Sí, yo lo sé.
Y sabéis cómo os vino ese descanso: por su
sustitución y vuestra fe en esa situación.
Vuestro pecado no fue perdonado violando la justicia divina;
la justicia quedó satisfecha en Jesús; él
os dio descanso.
El hecho de que hizo
expiación plena es el descanso de vuestro espíritu
esta mañana. Sé que esa profunda calma de
vuestra conciencia proviene de que creéis en el sacrificio
vicario de vuestro Señor. Llevó la inquietud
para que pudieseis tener descanso que recibís hoy
en calidad de don suyo gratuito. Ardientemente deseo que
muchos que nunca han sentido ese descanso viniesen por él;
es todo lo que hay que hacer para obtenerlo, venir por
él. En su condición presente, si Dios les
ayuda a ejercer un sencillo acto de fe en Jesús Él
les dará descanso de todos sus pecados pasados, de
todos sus esfuerzos para aliviarse a sí mismo, descanso
que será para gloria de Él y gozo de ellos.
II. Ahora
trataremos del segundo punto: EL DESCANSO CONDICIONAL.
Parece un poco extraño
que después de haber recibido descanso, comience
el versículo siguiente: «Llevad mi yugo sobre
vosotros.» «¡Ah!, he sido libertado del trabajo, ¿voy a
trabajar de nuevo? Sí, sí, llevad mi yugo
y comenzad. «Y ligera mi carga.» ¿Carga? ¡Vaya!,
estaba ahora cargado, ¿he de llevar otra carga? Sí.
Un yugo -activamente-, y una carga -pasivamente-, ambas
debo llevar. «Pero hallé descanso llevando un nuevo
yugo y una nueva carga. Vuestro yugo desollaba, pero el
yugo de Cristo es suave; vuestra carga era pesada, pero
la de Cristo es ligera.
Antes de entrar de
lleno en ese asunto, ilustrémoslo. ¡Cuán cierto
es que un yugo es esencial para producir descanso, y sin
él el descanso es desconocido! España halló
descanso libertándose de aquella malvada reina Isabel;
yugo de hierro fue su dominio sobre el cuello de la nación,
aplastando toda aspiración al progreso por una tiranía
intolerable. Levantóse la nación, sacudió
su yugo y arrojó su carga, y descansó en un
sentido, descansó de un mal. Pero España
aún no ha descansado completamente, y parece que
nunca encontrará descanso permanente hasta que haya
tomado voluntariamente otro yugo, y encuentre para sí
otra carga. En una palabra, debe tener un gobierno fuerte,
establecido, reconocido, y sólo entonces cesarán
sus perturbaciones.
Ésta es exacta
pintura del alma humana. Está bajo el dominio de
Satanás, lleva su terrible yugo, y trabaja para él;
lleva su maldita carga y bajo ella gime; Jesús la
liberta, pero ¿tiene por eso un descanso perfecto? Sí,
un descanso de pero no un descanso en. Lo
que ahora se necesita es un nuevo gobierno; el alma debe
tener un principio soberano, gobernante, un motivo dominante;
y cuando Jesús ha tomado esa posición, viene
el descanso. De este ulterior descanso se habla en el siguiente
versículo. Os daré otro símbolo. Un
arroyuelo atraviesa una ciudad manufacturera; infeliz era,
siendo forzado a mover enormes ruedas y pesada maquinaria,
y así siguió su miserable camino atravesando
fábricas donde se puso sucio y negro, llegando a
ser una zanja inmunda y repugnante. Sintió la tiranía
que corrompió su misma existencia. Vino un libertador
que vio el arroyo y dijo: «te libertaré y daré
descanso». Así que detuvo la corriente, y dijo: «Permanece
en tu lugar, no correrás ya donde eres esclavizado
y manchado». En pocos días el arroyuelo vio que no
había hecho más que cambiar un mal por otro.
Sus aguas se están estancando, haciéndose
un gran charco, y deseaba hallar un canal.
En su misma naturaleza
estaba el correr, y hacía espuma y se henchía
oprimiendo el dique que lo detenía. Cada hora era
mayor su inquietud interior amenazaba romper la barrera
y hacía temblar todos los que miraban su aspecto
amenazador, a causa del mal que antes de mucho haría.
No halló descanso hasta que se le permitió
seguir un curso activo por el canal que le había
sido preparado entre los prados las mieses. Entonces, cuando
regaba los campos y alejaba los pueblecitos, era un arroyuelo
feliz en perfecto descanso. Así nuestras almas hechas
son para la actividad, y cuando somos libertados de las
actividades nuestra propia justicia y de la esclavitud de
nuestro pecado, debemos hacer algo, y no descansaremos hasta
que no hallemos ese algo que hacer. De aquí que veáis
el texto algo dicho acerca de un yugo, enseña de
trabajo, y algo acerca de una carga, emblema de paciencia.
En la mortal naturaleza humana está el hacer o el
portar; de otro modo su espíritu se estancaría
y estaría lejos del reposo.
1. Consideremos este
segundo descanso, y notemos que es descanso después
de descanso. «Os haré descansar» está
antes de «hallaréis descanso». Es el descanso un
hombre que ya está en descanso, que ha recibido descanso
dado, y ahora descubre el descanso hallado.
Es el descanso de un discípulo: «Aprended de mí
y hallaréis descanso.» No es tanto el descanso de
uno que antes estaba trabajado y sobrecargado, cuanto de
uno que hoy está aprendiendo a los pies del Salvador.
Es evidentemente el descanso de un investigador, porque
el hallar supone el buscar. Habiendo sido perdonado y salvado,
el hombre salvo en el curso de su experiencia descubre más
y más razón de paz; está aprendiendo
y buscando, y halla. Sin embargo, el descanso se encuentra
evidentemente como cosa desconocida, y que viene ser objeto
de descubrimiento. El hombre tuvo descanso de su
carga; ahora halla descanso en Cristo, que excede al que
pedía o pensaba.
Considero a este
descanso después del descanso como tesoro escondido
en una preciosa caja. El Señor Jesús da a
su pueblo una caja inapreciable, llamada el don del descanso,
engastada de brillantes e incrustada de joyas, hecha de
oro; cualquier que la posee siente y sabe que su lucha ha
concluido, y que su pecado es perdonado. Después
de poco el feliz poseedor comienza a examinar su tesoro.
Es todo suyo; pero aún no lo ha visto todo, porque
un día descubre un cajoncito secreto, toca un resorte
oculto, y ¡ved!, ante él aparece un inapreciable
Kohinnor que excede a todo el resto. Cierto es que se le
había dado, pero no lo había visto al principio
y por tanto lo halla. Jesucristo en el don de si mismo nos
da todo el reposo que podemos gozar, aun el descanso del
cielo está en Él; pero después que
le hemos recibido tenemos que aprender su valor, y encontrar
por la enseñanza de su Espíritu la plenitud
del descanso que otorga.
Ahora a vosotros,
salvos, que habéis visto a Jesucristo, sea en esta
mañana, sea veinte años ha, os pregunto: ¿habéis
hallado todo lo que hay en el don que Cristo os ha dado?
¿Habéis ya descubierto el secreto? Os ha dado descanso,
pero ¿habéis encontrado el más íntimo
descanso que obra en vuestro corazón? Vuestro es,
porque está incluido en el único don; pero
no vuestro por haberlo gozado, entendido, apropiado, a no
ser que lo hayáis descubierto, porque el descanso
aquí dado a entender es un descanso después
de otro, descanso espiritual experimentado, que viene sólo
a los que lo hallan por la experiencia.
2. Observad además
que el descanso en esta segunda parte de nuestro texto es
un descanso en el servicio. Unido va con un yugo,
para la actividad: «Llevad mi yugo» está en relación
con una carga, para la paciencia: «Ligera mi carga.» Quien
es cristiano no hallará descanso en la ociosidad.
No hay mayor inquietud que el holgazán. Si queréis
descansar, llevad el yugo de Cristo, servidle con actividad.
Como el buey lleva el yugo y luego comienza a trabajar,
así llevad el yugo de Cristo sobre vuestro cuello,
y comenzad a obedecerle. El descanso del cielo no es el
del sueño; le sirven día noche en su templo.
Siempre están
descansando; sin embargo, en otro sentido, no descansan
ni de día e noche. La santa actividad en los cielos
es perfecto descanso. El verdadero descanso para el Hijo
de Dios es descanso volando, descanso en movimiento, descanso
en el servicio, no sin el yugo, sino bajo el yugo. Voluntariamente
hemos de entrar a este servicio; hemos levar su yugo
sobre nosotros voluntariamente. Notad que no dice: «Llevad
mi yugo cuando se os pone, tomadlo: Querido hermano, tal
y tal trabajo debes hacer, sino que debéis tomar
el yugo de motu propio. No os sometáis simplemente
a ser el siervo del Señor, pero buscad su servicio.
Preguntad: «¿Qué
puedo hacer?» desead hacerlo voluntaria y gozosamente; haced
todo lo que está en vuestras manos para extender
su reino que os ha dado descanso, y hallaréis que
el descanso de vuestra alma estará en hacer cuanto
podáis por Jesús. Todo cristiano activo os
dirá que nunca es más feliz cuando tiene mucho
que hacer; y en general, si tienen comunión con Jesús,
nunca más en reposo que cuando tienen menos tiempo
desocupado. No busquéis vuestro descanso en los meros
goces y emociones religiosas mas halladlo llevando un yugo
que amáis, y que tal motivo es suave para vuestro
cuello, porque es suave.
Pero, querido hermano,
has de querer también llevar carga de Cristo. Ésta
es su cruz que cada cristiano debe tomar. Esperad reproches,
esperad encontrar al grado del escándalo de la cruz,
que su ofensa nunca cesa. Bendita carga es la persecución
y el reproche; amando a Jesús, fácil es sufrir
por Él; nunca, pues, evadáis vuestra participación
en esta honrosa carga retirándoos cobardemente, o
rehusando hacer profesión de vuestra fe. ¡Ay! de
aquellos que dicen: «Jamás seré mártir.»
Ningún descanso más dulce que el del mártir.
¡Ay! de los que dicen: «De noche iremos al cielo por un
camino secreto para evitar la vergüenza de la cruz.»
No en la cobardía, sino en el valor, se encuentra
el descanso del cristiano; está no en proveer para
el caso, sino en sufrir con valor por la verdad. El espíritu
tranquilo cuenta por mayores riquezas el vituperio de Cristo
que los tesoros de Egipto; se enamora de la cruz, tiene
por ligera la carga, y así encuentra descanso en
el servicio y descanso en el sufrimiento. Notadlo bien.
3. El descanso ante
nosotros es descanso por medio del aprendizaje. ¿Dice
uno: «No veo cómo puedo jamás hallar descanso
trabajando y reposo sufriendo»? Querido hermano, jamás
lo hallarás a menos de ir a la escuela, y debes ir
a la escuela de Cristo. «Aprended de mí -dijo- que
soy manso y humilde de corazón». Y para aprender
de Cristo, se da por supuesto que hacemos a un lado todas
las preocupaciones del pasado. Estas cosas mucho impiden
que encontremos paz. ¿Tenéis algunas ideas preconcebidas
de lo que debe ser la religión? ¿Habéis forjado
en vuestro propio yunque ideas de lo que deben ser las doctrinas
del Evangelio? Arrojadlas; aprended de Jesús, y desechad
vuestros pensamientos propios.
Y luego, cuando queráis
aprender, notad qué ha de aprenderse. Para conseguir
el perfecto descanso de la mente, tenéis que aprender
de Jesús no sólo las doctrinas que enseña,
sino mucho más. Ir a la escuela para ser ortodoxo
es una cosa bastante buena, pero la ortodoxia que trae descanso
es la del espíritu. Observad el texto: «Llevad mi
yugo sobre vosotros y aprended de mí.» ¿Qué?
¿Porque soy sabio e instruido y os puedo enseñar?
No; de mi ejemplo habéis de aprender a ser «mansos
y humildes de corazón», y aprendiéndolo «hallareis
descanso para vuestras almas». El echar mano Espíritu
de Jesús es el camino al descanso. Creer lo me enseña
es algo, reconocerle como mi maestro religioso y como Señor
mío es mucho; pero el esforzarme a conformarme a
su carácter, no meramente en desarrollo externo,
sino en su espíritu interno, ésta gramática
del descanso. Aprended a ser como Él, manso y humilde
de corazón, y hallaréis descanso.
Nos dice las dos
cosas que hemos de aprender de primero de Él, es
«manso», luego dice que es humilde de corazón.
Tomad primero la palabra «manso». Pienso que
se refiere a lo de llevar el yugo, al trabajo activo.Si
yo trabajo activamente por Cristo, sólo puedo encontrar
descanso en el trabajo poseyendo el Espíritu de mi
Señor; porque si salgo a trabajar por Cristo sin
un espíritu manso, pronto encontraré que en
ello no hay descanso; el yugo desollará mi hombro.
Alguien comenzará objetando que no hago mi trabajo
a su gusto. Si no soy manso se sublevará mi espíritu,
estaré por defenderme, me irritaré, o me desalentaré
y me inclinaré a no hacer más porque no me
aprecian como debieran. Un espíritu manso no se irrita
fácilmente, no se ofende pronto, por tanto si otros
ponen peros el espíritu manso sigue trabajando y
no se ofende; no oirá palabra áspera, ni replicará
a la crítica severa. Si el espíritu manso
se aflige por alguna censura picante y sufre por un poco,
siempre está pronto a perdonar y a borrar lo pasado,
y a seguir de nuevo. El espíritu manso al trabajar
sólo piensa hacer él bien a otro; se niega
así mismo; jamás esperó ser bien tratado;
no pretende ser honrado; jamás buscó para
sí, sólo se propuso hacer a otros el bien.
El espíritu
manso inclinó su hombro al yugo, y esperó
tener que continuar inclinándose, para guardar el
yugo en el propio lugar para trabajar. No tuvo la mira de
ser exaltado al llevar el yugo; perfectamente contento está
si puede exaltar a Cristo y hacer bien a sus escogidos.
Recordad cuán manso y humilde fue Jesús en
todo su servicio, y con cuánta tranquilidad soportó
a sus opositores. Los samaritanos no quisieron recibirle,
y Juan, que sentía el yugo un poco desollador para
su hombro no habituado, clamó: «Maestro, manda que
descienda fuego del cielo.» ¡Pobre Juan! Pero Cristo llevó
el yugo del servicio tan bien a causa de su espíritu
manso, que no quiso hacer tal cosa. Si una ciudad no quería
recibirle iba a la otra, y así seguía trabajando.
Se os facilitará mucho vuestro trabajo, si vuestros
espíritus son muy mansos. El espíritu orgulloso
se cansa de hacer bien al ver que no se aprecian sus trabajos;
pero el espíritu resuelto, manso, encuentra fácil
el yugo: «Considerad a aquel que sufrió tal contradicción
de pecadores contra si mismo, porque no os fatiguéis
en vuestros ánimos desmayando.» Si aprendéis
su mansedumbre, su yugo será agradable a vuestro
hombro, y nunca queráis que os lo quiten.
Y en cuanto a la
parte pasiva de nuestra lección de descanso, notad
el texto, «soy humilde de corazón». Todos
tendremos que sufrir algo por la verdad en tanto que estamos
aquí. Parte del Evangelio es el reproche. La vara
es una bendición del pacto. El humilde de corazón
halla la carga muy ligera, porque se somete a la voluntad
divina. Dice: «Sea hecha tu voluntad, no la mía;
sea Dios glorificado en mi, eso será todo lo que
pido. Rico, pobre, enfermo o sano, todo me es igual. Si
el gran Dios tiene la gloria, ¿qué importan donde
esté uno tan pequeño como yo?» El espíritu
humilde no busca para sí grandezas, aprende a contentarse
en cualquier estado en que se halle. Si es pobre, «no importa»,
dice el humilde, «nunca aspiré a ser rico; brillar
no deseo entre los grandes de esta tierra».
Si se le niega el
honor, dice: «Jamás busqué gloria terrenal,
mi propio honor no busco, sino el del que me envió.
¿Por qué había de ser honrado un pobre gusano
como yo?» Si nadie habla bien de mí, y Cristo dice:
«Bien, buen siervo y fiel», eso basta. Si el humilde de
corazón tiene poco placer en el mundo, dice: «No
es éste mi lugar de gozo; eterna pena merezca, y
si no tengo goces aquí, los tendré después.
Contento espero mi tiempo.» Nuestro bendito Señor
siempre fue de ese espíritu humilde. No contendió,
ni voceó, ni hizo oír su voz en las calles.
La bagatela del imperio no tenía encanto para Él.
Si la ama le hubiese ofrecido sonar su trompeta para Él
nada más, nada le hubiera importado. Ofreciéronle
los reinos de este mundo y su gloria, Él rechazó
al tentador. Era manso, discreto, abnegado, por lo cual
consideró leve su carga de pobreza y vergüenza.
Si aprendemos del Espíritu de Cristo, hallaremos
descanso para nuestras almas.
4. Pero notaremos
luego que evidentemente el descanso que hemos de encontrar
es un descanso que resulta enteramente de la conformación
de nuestro espíritu al Espíritu de Cristo.
«Aprended de mí, y hallaréis descanso.»
Luego es un descanso espiritual del todo independiente de
las circunstancias. Vana es la suposición que cambiadas
nuestras circunstancias estaríamos más en
reposo. Hermanos míos, si no halláis descanso
en la pobreza, tampoco lo hallaréis en las riquezas;
si no podéis descansar en medio de la persecución,
tampoco en medio de los honores. Es el espíritu interno
el que da el descanso, y éste poco tiene que ver
con lo de fuera.
Hombres se han sentado
en el trono, y lo han hallado penoso; otros en la rueda
han declarado que estaban tranquilos. El espíritu
es la fuente del descanso, en cuanto a las circunstancias
exteriores, poco importan. Sea vuestra mente como la de
Cristo, y hallaréis descanso para vuestras almas:
profundo descanso, descanso creciente, hallado más
y más, descanso puramente, no sólo que habéis
hallado, pero que seguiréis hallando. La justificación
os dio descanso de la carga del pecado, la santificación
os lo dará de los cuidados molestos; y en proporción
a su perfeccionamiento y de vuestra semejanza al Salvador,
vuestro descanso será más semejante al del
cielo.
Deseo llamar vuestra
atención a una cosa más antes de hacer una
aplicación práctica del texto, y es que aquí,
como en el primer descanso, somos guiados a adorar y admirar
la bendita persona de nuestro Señor. Notad las palabras
«que soy». ¡Oh!, todo viene aún de Él,
tanto el segundo descanso como el primero, la caja y el
tesoro escondido en lo secreto. «Que soy»; todo gira en
derredor de esto. Describiendo el segundo descanso, se dice
de él más que del primero. En la primera parte
de nuestro texto sólo dice «os haré descansar»;
pero en la segunda su carácter se explica más
completamente «porque soy manso y humilde de corazón»;
como para mostrar que a medida que los creyentes crecen
en la gracia y gozan de más descanso, ven más
que Jesús y conocen más de Él. Todo
lo que saben cuando el pecado les es perdonado es que El
lo da, tal vez apenas saben cómo; pero después,
cuando vienen a descansar en Él en dulce comunión,
saben más de sus atributos personales, y por la misma
razón su descanso es más profundo y perfecto.
Hagamos un uso práctico
de todo esto. Leed el capítulo a la vista y hallad
el hilo. Primero, queridos hermanos, si halláis descanso
para vuestras almas, no seréis movidos por el juicio
de los hombres. Los muchachos del mercado son tipo de la
generación del tiempo de nuestro Señor, que
se mofó tanto de Juan Bautista como de nuestro Señor.
La generación actual hace lo mismo; seguro es que
los hombres cavilarán acerca de nuestro servicio.
No importa; tomad el yugo de Cristo, vivid para servirle;
llevad la carga de Cristo, sea vuestra divisa soportar todas
las cosas por su amor, y no os afectarán ni las alabanzas
ni las criticas, porque hallaréis descanso para vuestras
almas, sometiéndoos a la voluntad del Padre.
Si aprendéis
de Jesús hallaréis descanso del temor de los
hombres. Recuerdo que antes de venir a Londres estuve en
una reunión de oración donde un hermano muy
singular oró por mi, que fuese librado del «balido
de las ovejas». Entendía poco quería decir
que pudiese vivir por encima del temor de los hombres, que
cuando una persona dijera: «¡Cuán edificados hemos
sido hoy!», no me hinchara; o si otra decía: «Qué
insípido estuvo el sermón», no me desalentara.
Seréis librados del «balido de las ovejas» cuando
tengáis el espíritu del Buen Pastor.
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