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Sermón
especial para un culto académico
Hace muchísimos años que el hombre más
sabio en su época escribió la siguiente sentencia:
"El principio de la sabiduría es el temor de Jehová."
Aunque miles de años han transcurrido, la verdad
pragmática que encierran las palabras de Salomón,
no ha sido invalidada, antes bien ha sido evidenciada y
robustecida.
Colosenses
2:1-10
Este
versículo nos sugiere el tema de nuestro mensaje:
"Ciencia y Religión", porque la sabiduría
es ciencia y el temor de Jehová es la base de la
religión. Además, en un culto de color académico
como es éste, nada más oportuno que pensar
un poco en estas dos palabras: ciencia y religión,
las cuales representan dos esferas bien distintas, pero
muy relacionadas. En el colegio o la universidad se enseña
la ciencia, y en la iglesia se inculca la religión.
Pero
hay otro hecho que le da actualidad e importancia al tema
que estamos excogitando y es que el hombre tiene mente para
pensar y discurrir y tiene corazón para sentir y
creer. Aquí no más encontramos la base racional
y natural que justifica la relación armónica
que debe existir entre la ciencia y la religión.
Hay
muchos que creen que no se puede ser científico y
religioso a la vez; que ambas cosas son incompatibles, antagónicas
e incongruentes entre sí. ¡Error! ¡Insensatez! Tal
posición filosófica es un índice de
ignorancia, de pretensión o de fanatismo.
Hasta
no hace muchos años, y quizás aún en
nuestro tiempo, en los círculos de intelectualidad
mediana, se tomaba como contraseña y distintivo de
jerarquía escolástica, el ridiculizar a la
Biblia, el pulverizar a la religión y el entronizar
a la no muy afortunada teoría de la evolución
orgánica de las especies, afirmándose como
verdad inconcusa que los hombres descendemos de los simios
antropomorfos, dicho en lenguaje vulgar, del mono.
Ha
habido ingente empeño y multiplicados esfuerzos por
divorciar a la ciencia de la religión. Se las ha
puesto en pugna. Se ha dicho que la ciencia no puede ser
religiosa y que la religión no puede ser científica.
Esto es ir muy lejos. Lo cierto es que tan atrevida aseveración
ni es científica y mucho menos religiosa.
1. DEFINICION
DE TERMINOS
¿A
qué obedece esta posición tan abstrusa como
falsa? Sin duda que ella es el resultado de no definir correctamente
los términos ni de precisar sus alcances. Hay ciencia
que es pseudociencia y hay religión que es superstición.
Cuando esto sucede, claro está, la ciencia y la religión
no logran entenderse.
1.
¿Qué es ciencia?
Pero
definamos: la ciencia es un cuerpo correlativo de conocimiento
absoluto o, según reza el diccionario, es "el conocimiento
exacto y razonado de ciertas cosas, el conjunto de conocimientos
fundados en el estudio", y yo, de mi parte, agrego: La ciencia
es el conjunto de los enunciados de la comprobación
experimental, concluyente y satisfactoria de los fenómenos
naturales.
2. ¿Qué
es religión?
¿Y la
religión? Pudieran darse muchas definiciones, pero
todas ellas concordarían esencialmente en esto: La
religión es la búsqueda que el alma hace de
Dios, y esta búsqueda, a veces hasta inconsciente,
toma multitud de formas, en las que intervienen a su vez
toda una serie de factores. El doctor R. A. Millikan, director
del Norman Bridges Laboratory del Instituto de Tecnología
de California, formuló el siguiente interesante párrafo:
"El propósito de la ciencia es desarrollar, sin prejuicio
o preconcepción de cualquier clase, un conocimiento
de los hechos, de las leyes y de los procesos de la naturaleza.
Y la aun más importante tarea de la religión
por el otro lado, es desarrollar la conciencia, los ideales
y las aspiraciones del género humano."
II. EL
PODER DE LA CIENCIA Y LA RELIGION
La
religión y la ciencia, cada una ha tenido su época
de predominio. Puede haber sobre cada una de ellas un énfasis
exagerado y desviado, que el empeño por armonizarlas
se haga punto menos que imposible. EJEMPLOS: Por ejemplo,
en la Edad Media, la religión, representada por el
Papado de Roma, cometió abusos y se colocó
en ángulos falsos. La religión, y no la mejor
por cierto, pretendió tener la última palabra
en todo y metió las narices donde no le incumbía.
Citemos tan sólo dos casos para Ilustrar lo que hemos
afirmado.
1.
Nicolás Copérnico
Nicolás
Copérnico, célebre astrónomo polaco,
a principios del siglo XVI demostró el doble movimiento
de los planetas sobre sí mismos y alrededor del sol.
Este descubrimiento, de relevante valor científico,
echó a tierra la antigua teoría geocéntrica
de Tolomeo, pero más tarde la Iglesia condenó
la teoría de Copérnico como contraria a las
Sagradas Escrituras. El tiempo y la ciencia han fehacientemente
demostrado que Copérnico estaba en lo cierto y que
el Papa, aun con todo y su pretendida infalibilidad, estaba
totalmente equivocado.
2.
Galileo
El
otro caso es el de Galileo, ilustre matemático, físico
y astrónomo italiano, quien sostuvo como cierta la
teoría hellocéntrica de Copérnico y
el movimiento giratorio de la tierra, y por tal motivo fue
condenado como hereje a la hoguera por el Tribunal de la
Inquisición. Para salvarse de la condena, Galileo,
siendo de edad de 70 años, tuvo que abjurar de rodillas
delante de aquel Tribunal su supuesta herejía. Pero
una vez más, el tiempo, y la ciencia demostraron
que Galileo estaba en la verdad y la iglesia en el error.
3. La
diosa Razón
Por
el otro lado, tenemos la tendencia opuesta: la de exaltar
a la ciencia a tal grado, que la religión queda arrinconada
y despreciada. Se ha llegado casi a rendírsele culto
a la ciencia, así como en 1 7 9 3 la Revolución
Francesa estableció el culto a la diosa Razón.
Se ha afirmado que con los adelantos de la ciencia, la necesidad
religiosa resulta fútil. El comunismo representa
esta posición. Sin embargo, es digno de mención
el hecho de que durante los últimos 25 año
' s, los descubrimientos científicos y arqueológicos
han venido a substanciar las afirmaciones de la Biblia,
y a hacer más evidente la necesidad de la religión.
La psicología y la psiquiatría modernas reconocen
y aprovechan la importancia de la religión.
III.
HOMBRES DE PODEROSA INFLUENCIA RELIGIOSA
Muchos
hombres de ciencia de nuestro tiempo son hombres piadosos
y religiosos. Grandes estadistas, como el finado presidente
Eisenhower, no se averguenzan de ser piadosos. Todo parece
indicar que estamos al borde de una hecatombe completa,
que haga desaparecer a la civilización moderna y
nos retroceda hasta la época de las cavernas, o que
estamos al borde del más grande avivamiento religioso,
que nos acerque como nunca a Dios.
La
ciencia y la religión, empujadas como por fuerzas
misteriosas, tarde o temprano tendrán que encontrar
su punto de unión, pues que ambas, rectamente entendidas,
son corrientes que emanan del mismo Dios, quien es el océano
infinito de toda perfección.
1. Daniel
En
la Biblia encontramos ejemplos notables de personas que
fueron sabias y al mismo tiempo religiosas. El primer ejemplo
es el de Daniel, en el Antiguo Testamento. Daniel fue uno
de los cautivos hebreos en Babilonla y llegó a ser
el hombre más sabio en todo aquel reino. El brilló
más que Nabucodonosor, Belsasar, Ciro, Darío
y todos los príncipes y monarcas potentes de su época.
Y sin embargo, no había hombre más piadoso
y más creyente en Jehová Dios como él.
Todos los días, invariablemente, Daniel abría
la ventana de su cuarto y mirando en dirección de
Jerusalén, oraba de rodillas a su Dios. Daniel supo
asociar en su propia experiencia la ciencia y la religión.
Por eso él pudo escribir palabras como éstas:
"Los entendidos resplandecerán como el resplandor
del firmamento; y los que enseñan la justicia a la
multitud, como las estrellas a perpetua eternidad" (12:3).
2. Moisés
Consideremos ahora el caso de Moisés, el caudillo
de Israel. Moisés fue educado en los palacios regios
y dorados de Egipto. Esteban dice de Moisés lo siguiente:
"Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría
de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras"
(Hechos 7:22). Pero Moisés fue también un
gran religioso. Toda su actividad giró alrededor
del propósito de que su pueblo conociera y amara
a Jehová Dios. "Por la fe dejó a Egipto, no
temiendo la 'ira del rey; porque se sostuvo como viendo
al Invisible" (Hebreos 11:27).
3. Pablo
En el Nuevo Testamento encontramos a Pablo, hombre versado
en muchas enjundias, que bien podía figurar en los
círculos intelectuales de su tiempo; hombre de mente
preclara, capaz de eclipsar con el lustre de su gloria a
los más conspicuos filósofos, antiguos y modernos.
¿Y quién fue Pablo? Nada menos que el genio del cristianismo,
proftindo espiritualista, eminentemente religioso. En la
persona, en la obra y en los escritos de Pablo, la ciencia
y la religión armonizan admirablemente. Sus grandes
conocimientos estuvieron siempre humedecidos por el rocío
de la fe.
4. Jesucristo
¿Y
qué diremos del más eximio entre los hombres,
Jesucristo nuestro Señor? ¿Habrá habido hombre
más sabio que él? ¿Qué misterios esconderá
la ciencia en sus entrañas que él no los conozca?
El apóstol Pablo declara que en Jesucristo " . .
. están escondidos todos los tesoros de sabiduría
y del conocimiento" (Col. 2:3). Los más grandes sabios,
los genios deslumbradores de la historia, los científicos
más acuciosos, todos ellos tienen que postrarse ante
el sabio Maestro de Galilea. Nunca la ciencia y la religión
estuvieron más unidas y mejor encausadas como en
la persona de Jesús de Nazaret. El conoció
la mente de Dios y por eso podía revelárnosla.
Y su más ardiente anhelo fue hacer la voluntad de
su Padre celestial. El conocimiento y la fe marcharon siempre
de la mano en la vida de Jesús.
En
tal consideración, Jesús cobra actualidad
en el día de hoy. En una época tan convulsa
como la que nos toca vivir, nada más oportuno que
acudir a Cristo para aprender de él como nuestro
Maestro, y para confiar en él como nuestro Salvador.
El auge científico que estamos viendo hace más
necesaria que nunca la fe, porque si desdeñamos a
la fe como resabio de una era de oscurantísmo, el
barco de nuestra civilización y con ella el de la
humanidad entera, se irá a pique para convertirse
tan sólo en una sombra de lo que fue.
IV.
CONSEJOS A LOS GRADUANDOS
Jóvenes, vosotros habéis pisado los relucientes
salones del Templo de Minerva; habéis embebido vuestras
mentes en las fuentes cristalinas del saber; vuestra curiosidad
se encuentra ya agitada para escudriñar nuevos misterios;
habéis concluido la primera etapa en la preparación
intelectual de vuestra vi da y ahora os ponéis en
pie de frente al futuro. Mas, ¿de qué os servirán
todos los conocimientos adquiridos y los datos almacenados
si no unís a la ciencia la religión, valga
decir, la fe en Dios, en su Hijo Jesucristo? El mundo necesita
de hombres y mujeres inteligentes, preparados y activos,
pero que sean también hombres y mujeres creyentes
piadosos y obedientes a los mandatos de Dios. Poned a Dios
siempre como el centro de vuestra vida.
"En
el escudo de la ciudad de Lubeck hay una rueda, y en el
centro de la misma esta inscripción: 'Deus in
rota' (Dios en la rueda). ¡Qué dibujo más
sencillo y, no obstante, cuán profundo es el pensamiento
que encierra! Significa que en el curso incesante y agitado
de la vida el centro inmutable, firme, es Dios. Los puntos
de la rueda unas veces están abajo, otras veces arriba;
ora carga sobre tal punto el peso del carro, ora sobre otro;
mas siempre permanece en el centro Dios-, permanecen en
el centro la voluntad, la sabiduría y el amor del
Padre celestial que todo lo gobierna y sustenta. Cuando
por los caminos de nuestra vida un dolor acerbo nos oprime
y nos pega a la gleba de la tierra, o cuando la alegría
de nuestro corazón nos lanza hacia las alturas ...
siempre está a la misma distancia o cercanía
de nosotros el centro de nuestra vida: Dios." (Copiado).
1. La
verdadera sabiduría
"El
principio de la sabiduría es el temor de Jehová,
afirma Salomón. ¿Quién no anhela ser sabio?
¡Hermosa y buena ambición! Pero la verdadera sabiduría
no es aquella que desplaza a Dios del cuadro, que hace vilipendio
de la fe, que moteja a la religión y que se burla
de la Biblia. Después de todo, la sabiduría
o la ciencia del recto vivir, no se adquiere en los anaqueles
de las bibliotecas o en las aulas de los colegios. Hay que
asistir a la escuela de la experiencia y de la diaria comunión
con Dios para ser sabio en el verdadero sentido de la frase,
Una vida que no toma como punto de partida a Dios, es como
un planeta fuera de su órbita, como una estrella
errática.
El rey Hierón de Sicilla, en el siglo 111 antes de
Jesucristo, hizo construir un buque tan grande, que al terminar
las obras y querer botar el barco, no pudieron moverlo de
la tierra ni empleando la fuerza de innumerables obreros,
caballos y máquinas. En último extremo, recurrieron
a Arquímedes, el célebre matemático,
para que les ayudara.
Arquímedes
prometió construir una máquina con la cual
un solo hombre podría levantar con facilidad el buque.
Naturalmente, los hombres escucharon con incredulidad la
promesa ... Y Arquímedes construyó la máquina-,
era un polispasto, esto es, un sistema de poleas. Pidió,
pues, que fuese el rey mismo quien moviera el buque. Y el
rey, a la vista de todo el pueblo, levantó con facilidad
el buque y lo lanzó al mar. En su desbordada alegría,
dio una orden singular, según la cual todo el mundo
había de encontrar bueno y sabio cuanto dijera e
hiciera Arquímedes.
¡Arquímedes
mereció esta distinción inusitada por su pequeña
máquina! ¿Qué hemos de decir de Dios, el constructor
de la admirable maquinaria del universo? i Cómo hemos
de alabar su sabiduría cuando mediante microscopios
y telescopios echamos una mirada en los secretos admirables
del universo! Dios es la sabiduría absoluta.
2. Vosotros y el evangelio
jóvenes, a vuestro paso por el colegio donde estudiasteis,
y por vuestra asociación con esta iglesia, vosotros
habéis oído la sencilla pero poderosa predicación
del evangelio, ese evangelio que proclama la salvacion por
el sacrificio de Cristo, ese evangelio que redime, que transforma
y que levanta. El colegio ha ayudado un poco a la formación
de vuestra personalidad y de vuestro carácter; os
ha dado conocimientos y técnicas para el trabajo
y para la vida. La misión del colegio está
cumplida en vosotros; la responsabilidad pesa ahora sobre
vosotros.
Ambicionad
mayores conocimientos; creced en la ciencia, pero creced
también en la fe. Buscad siempre la sabiduría
divina. El apóstol Pablo dice las siguientes palabras:
"Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden;
pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder
de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría
de los sabios, y desecharé el entendimiento de los
entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde
está el escriba? ¿Dónde está el disputador
de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría
del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el
mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría,
agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura
de la predicación" (1 Corintios 1:18-21).
Y esta predicación que Pablo llama locura es la que
estoy deseando grabar en vosotros. Queremos que el mensaje
sea un mensaje de aliento, un mensaje que despierte en vuestros
corazones el deseo de alcanzar los altos ideales, de transitar
por los caminos rectos, de servir a Dios y al prójimo,
de poner vuestra confianza en Jesucristo y de vivir una
vida útil, armónica y feliz.
En
la iglesia de San Pablo en Londres descansan los despojos
de muchos ingleses de noble prosapia. En el monumento marmóreo
de uno de ellos se lee esta triste inscripción: "He
vivido en medio de dudas, muero en incertidumbre, no sé
adonde voy.
¿Puede
haber para un espíritu que medita, que está
sediento de luz, un camino más funesto? ¿Qué
importa saberlo todo, si se ignora lo único necesario?
No importa que pueda dibujar la órbita de las estrellas;
no importa que sepa contar el número de cromosomas
que contiene una célula; no importa que logre medir
las vibraciones del éter en el color ultravioleta;
nada tiene importancia si no se resuelven estas preguntas:
¿Qué es el mundo? ¿Qué es el hombre? ¿Qué
es lo que nos espera después de la muerte?
CONCLUSION
Que
el temor de Jehová sea la nota clave en vuestra vida;
la luz que ilumine todas vuestras acciones. Amad la ciencia
y practicad la religión. Sed hombres de saber de
fe. Que cuando y tengáis que confrontar los problemas
de la vida, la luz de vuestra ciencia os ayude a resolverlos;
y que cuando al fin de la jornada os paréis frente
al espectro de la muerte y avizoréis las playas de
la eternidad, que la fe religiosa en Cristo y en la Palabra
de Dios os abran las puertas de la patria celestial. Al
felicitarlos por vuestros triunfos académicos, os
encomendamos a la gracia y a la protección del Todopoderoso.
Que él os bendiga y os haga triunfar para la gloria
de su nombre, Amén.
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