Es probable que hayas visto
un buen número de líderes con mucho carisma,
cuyos ministerios no hayan durado gran cosa… porque
han carecido de carácter.
De hecho, algunos de ellos han
tenido grandes defectos de carácter. Su encanto
personal los ha sostenido durante algún tiempo,
pero al final se a manifestado su falta de carácter.
El fundamento del liderazgo no
es el carisma personal, sino el carácter. El carisma
no tiene nada que ver con lo que hace que un líder
sea eficaz.
El liderazgo no tiene que ver con
la posesión de una personalidad encantadora y llamativa,
una gran sonrisa o una voz aterciopelada. Lo que SÍ
necesitas es carácter y credibilidad. El liderazgo
es influencia, y sin credibilidad, su influencia no irá
muy lejos.
Tal vez la gente te siga por un
tiempo, pero no pasará mucho antes de que se den
cuenta de que vas por un camino que no lleva a ninguna
parte.
Reputación es lo que la
gente dice que eres. Carácter es lo que realmente
eres.
D.L.Moody decía:<<El
carácter es lo que somos en medió de la
oscuridad, cuando nadie nos está mirando>>.
En su carta a Timoteo, Pablo presenta las características
necesarias para el líder en la iglesia. Ni una
sola vez menciona que se necesiten estudios de seminario.
El liderazgo no se basa en lo académico.
Es cuestión de carácter; es cuestión
de “quién eres”.
No hay un tipo de personalidad
concreto para los líderes. Tal vez hayas oído
decir en el pasado que los líderes son personas
de temperamento colérico, o que son personas que
se hacen cargo de las situaciones.
Pero hay líderes de todas
las formas, de todos los tamaños y de todos los
temperamentos. Dios quiere usar tu personalidad, tal como
él mismo la creó. Observa los cuatro temperamentos
distintos de los líderes que vemos en la Biblia:
-Pablo era colérico
-Pedro era sanguíneo
-Moisés era melancólico
-Abraham era flemático
Cada uno de ellos era único,
y totalmente distinto a los demás. Y Dios los usó
a todos. El liderazgo no es cuestión de personalidad.
No es cuestión de que sea extravertido, sanguíneo
o colérico para ser líder.
Lo que sí se necesita para
el liderazgo es carácter. Es la única cosa
que tienen en común todos los grandes líderes.
Cuando una persona carente de carácter llega a
un puesto de liderazgo esos defectos de carácter
causan su caída.
Todos lo hemos visto pasar.
Nehemías era un hombre común y corriente
que hizo cosas extraordinarias para Dios porque tenía
carácter. Ese es el hombre que descubrimos al estudiar
su vida.
A base de examinar las acciones
y los ejemplos de otros líderes, podemos aprender
de ellos. Sin embargo, no podemos imitar la personalidad
de otro. Dios nos creó con una forma única.
Cuando tratamos de imitar a alguien, nos consumimos.
Así como las personas son
distintas, también lo son los líderes. Su
rasgo común está formado por la credibilidad
y el carácter.
El siguiente pasaje nos
señala tres características de los buenos
líderes:
a) Tienen un mensaje digno
de recordar
<<Recordad a vuestros guías,
los que os comunicaron la palabra de Dios. Considerad
atentamente cuáles hayan sido los resultados de
su conducta hasta su muerte, e imitad su fe>>.
Cuando ellos hablan, la gente los escucha. ¿Hablas
de tal manera que dejas huellas en el corazón de
las personas?
b) Tienen un estilo de
vida digno de considerar
<<Considerad atentamente
los resultados de su conducta>>. ¿Está
de acuerdo la vida de ellos con su mensaje? ¿Y
la tuya? ¿Vives de una manera que quieres que los
demás imiten?
c) Tienen una fe digna
de imitar
<<Imitad su fe>>.
¿Cuál es el mensaje de tu vida? ¿Qué
le quiere decir Dios al mundo por medió de ti?
Si quieres ser un buen líder, necesitas desarrollar
un mensaje digno de ser recordado, llevar un estilo de
vida digno de ser considerado y tener una fe digna de
ser imitada. Todas estas cosas pertenecen al carácter.