Germán
Loaiza vende teléfonos celulares. Algo normal, lo
curioso es que los comercializa en un pueblo en el
que no entra la señal...
Tener un celular
allí, significa tanto como cargar un trofeo sin valor
o quizá, desplazarse de un lugar a otro con un pedazo
de hierro que podríamos asegurar, formó parte del
Titanic después que se hundió y se logró descubrir
en qué lugar estaba la armazón. Pero vende. Y bastante.
Tiene tal poder
de convicción que poco faltó para que le comprara
uno. Lo conocí en Riofrío, provincia del Valle del
Cauca, en Colombia. Es un pueblito de calles angostas,
pavimentadas y con grandes caserones de madera con
una arquitectura propia del sigo pasado.
¿Cómo convence
a sus clientes? Les anuncia que la empresa patrocinadora
está próxima a instalar una antena repetidora que
permitirá captar la señal. De esta manera, asegura,
en apartados lugares del campo no sufrirán por la
falta de comunicación... Sus palabras son elocuentes.
Está convencido de las bondades del producto que ofrece.
Pero ante todo,
tiene visión y el optimismo que te permite ver oportunidades
donde muchos consideran que sería imposible hacer
algo...
Una visión
optimista... Pensar y mirar la vida diferente que
los demás, siempre traerá problemas. Es ir contra
la corriente. Decir que el amanecer es de un color
alegre mientras que la opinión generalizada es que
hay densos nubarrones y lo más probable es que lloverá,
despertará críticas y burlas.
No es fácil
ser optimista en un mundo de personas derrotistas,
que todo lo aprecian con el cristal del pesimismo...
Pero definitivamente los optimistas, aquellos que
tienen fe, son los llamados a vencer. Representan
esa generación que se levanta en victoria en una sociedad
donde la derrota, la amargura y el sinsentido de la
existencia es lo que prevalecen.
Un incidente
muy conocido... En la antigüedad doce espías tuvieron
una misión importante.Ir a reconocer el territorio
del cual tomarían posesión. Iban con expectativas.
Pero una vez llegaron al lugar, la visión y entusiasmo
inicial, cambiaron. Y regresaron donde Moisés, quien
les había enviado. El informe de cada uno de ellos
era particular y evidenciaba cómo veían las cosas.
Diez de ellos dijeron: "No podremos subir contra aquel
pueblo, porque es más fuerte que nosotros.
Ya hablaron
mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían
reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos
para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores;
y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres
de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos
de Anac, raza de los gentiles, y éramos nosotros,
a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos
a ellos" (Números 13:31-33). Una visión pobre de la
vida.
Una autoestima
baja. Una concepción derrotista. Tres actitudes que
representaban la mayoría de las opiniones. Eran diez
de doce espías diciendo que era imposible. Viendo
los problemas y no las soluciones. Dimensionando las
dificultades y no sus capacidades para superarlas.
Además olvidaban que tenían de su parte al Dios del
universo, y ese sólo hecho les convertía en ganadores...
Ahora, no todo podía ser derrota.
Dos de ellos
tenían una forma diferente de apreciar las cosas.
"Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés,
y dijo: "Subamos luego, y tomemos posesión de ella;
porque más podremos nosotros que ellos" (versículo
30). Vencer depende en gran medida de nuestra actitud
frente a la vida y por supuesto, frente a los problemas.
Allí estriba la diferencia entre los ganadores y los
perdedores...
El optimismo
se contagia... Si pudiésemos contagiar más personas
con la fe, con la esperanza de que con la ayuda de
Dios las cosas serán diferentes y que, así nos corresponda
arar en el desierto cosecharemos mejores productos
que nuestros amigos y conocidos, el mundo sería diferente.
Habría menos fracasados. El número de frustrados sería
menor. Las caras de desánimo no abundarían. Los rostros
alegres serían mucho más comunes de lo que vemos hoy
día...
¿Cómo cambiar
nuestra actitud frente a la vida? Primero, pidiendo
a Dios que transforme nuestra existencia y nuestra
forma de apreciar las cosas. Que nos libere de la
predisposición para el fracaso y esa visión que tenemos
de creer que no podemos hacer las cosas. Que somos
incapaces... El paso que debe dar, de entrada, le
invito para que lo de ahora mismo.
Invite a Jesucristo
a su corazón. Dígale: "Señor Jesucristo, reconozco
que mi vida necesita un cambio. Te pido que entres
a mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres
que sea. Ayúdame a crecer espiritual y materialmente,
y dejar de lado toda inclinación al fracaso". Amén.
Ahora, yo espero que esta oración la haga como la
sienta en su corazón, con sus propias palabras.
A partir de
entonces, siempre que inicie un proyecto, sométalo
a la voluntad de Dios. Puedo asegurarle que a la par
que crece su vida espiritual, crecerán sus sueños
y realizaciones... Si tiene alguna duda, inquietud,
sugerencia o petición de oración,
Usted puede escribirle
al Ps. Fernando Alexis Jiménez a: fernando@adorador.com