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Tiempos de cambio
Lucas Leys

Tu papá estaba entusiasmado cuando cumplió los trece porque por fin iba a tener el televisor que tanto había soñado. Ahora podría invitar a sus amigos a ver las películas de los sábados. Parecía mentira ver a la gente tan pequeña dentro de ese aparato. Estaban en blanco y negro, pero se veían tan reales que algunos llamaban al televisor “la caja mágica”.

Una caja diferente apareció en los ochenta y se metió en muchas casas en los noventa: la computadora. La informática transformó primero la vida de las oficinas y siguió luego en camino de cambiarle la cara a la sociedad entera. Surgió un lugar de encuentro donde no tienes que estar de cuerpo presente.

El ciberespacio no le hace caso a la distancia. Ahora mismo puedes “verte” con alguien del otro lado del globo o dejar entrar en la sala de tu casa a algún extraño que quiera “chatear” del tema que les interesa a ambos.

Todos estos cambios nos afectan. La vida de tu generación es muy distinta a la de la generación anterior; en los últimos sesenta años cambiaron más cosas que en los anteriores dos mil. Hay nuevas maneras de pensar; costumbres que hoy son cosa de todos los días, antes eran impensables. Algunos cambios han sido buenos, pero otros han sido muy malos.

Disculpe, ¿es este el planeta tierra?

El nuevo “valle de Ela” o campo de batalla es muy distinto al de épocas pasadas y debemos reconocer el terreno. Si queremos ser una generación victoriosa de discípulos de Jesucristo, debemos estar actualizados. David atacó a Goliat con las armas que usaba a diario y estoy convencido de que una iglesia viva debe saber usar los recursos que hoy tiene a mano para hacer un impacto poderoso.

Muchos se asustan con sólo pensar en los tiempos posmodernos y sólo ven los aspectos negativos; se desaniman antes de avanzar o prefieren no darse cuenta de lo que está sucediendo. Yo era uno de estos, pero luego cambié. Me di cuenta de que en cada nuevo desafío se escondía una nueva oportunidad.

Si queremos alcanzar a nuestra generación con el mensaje del evangelio, tenemos que identificar los progresos y los retrasos que han tenido lugar en el mundo. Te invito a echar una mirada a algunos de los cambios fundamentales.
David se levanta de la tumba, camina por las calles y queda asombrado. ¡Todo es tan distinto! Lee los diarios, las revistas, mira la televisión, habla con los chicos en la puerta de una escuela y espía por una ventana la vida de una familia de tu ciudad. Anota en su diario los siguientes cambios.

De lo absoluto a lo relativo

Los generadores de opinión (los personajes populares o los medios de comunicación que generan opiniones que después mucha gente toma como propia) mezclaron los negros y los blancos morales y crearon una infinita gama de grises. Conductas que antes eran inadmisibles hoy son una posibilidad más. En el terreno religioso, la cultura popular latinoamericana antes decía que si no eras católico estabas perdido; hoy se afirma que hay muchos caminos para llegar a Dios y que todas las religiones son igualmente válidas. Los valores ya no se consideran absolutos sino relativos a las circunstancias y la conveniencia de cada uno.

Abres internet y puedes sacar la más actualizada información o la peor basura pornográfica. Lo mismo ocuerre en todos los terrenos. Tienes que elegir por ti mismo entre las distintas opciones.
Algunos lo consideran “tolerancia” y dicen que así la sociedad es más justa. Otros ponen el grito en el cielo y reclaman tener derecho a ejercer algún tipo de juicio de valor sobre la conducta privada de los demás. Un ejemplo es el tema de la homosexualidad.

De la familia a la multifamilia

Un tercio de los niños de Estados Unidos de Norteamérica tienen padres que se han divorciado. Los hijos de estas familias tienen hermanos compartidos con otros papás y mamás y muchas veces son criados por padres no naturales. No estamos muy lejos de esta situación en nuestras ciudades de Latinoamérica. La hermana menor de mi esposa era la única de su clase con una familia con papá y mamá en casa. Entre latinos que pastoreaba en una iglesia en Los Angeles ocho de cada diez de los jóvenes tenían uno de sus padres ausentes.

Sean cuales fueren las causas de cada ruptura familiar. Dios quiere que compartamos su amor y su poder con esta generación en la situación en que se encuentran. Hay mucho material para estudio bíblico y muchos sermones que no tienen en cuenta cuántos jóvenes en la iglesia viven esta situación; sin querer resultan poco prácticos e incluso hacen sentir culpables a los que heredaron este problema.

De lo duradero a lo fugaz

Me asombró saber que hay personas que trabajan en la medición de qué palabras, idéas, marcas y personajes son más nombrados por los medios. En el caso de las palabras, algunas se han bajado del podio para dejarle el lugar a otras. Por ejemplo, las palabras progreso, ideal, proyecto, funcional han dejado de sobresalir; entre las que ganaron espacio están: imagen, light, diet, onda, consumo, todas palabras conectadas con la fiebre que hay por tener y aparentar.
Décadas atrás era importante lo que uno poseía como bien duradero. Hoy lo que importa es responder a la moda del momento.

El gigantesco aparato publicitario armado por los grandes empresarios sostiene que “para muestra basta una imagen”. No cabe duda de que la imagen estática gobierna miles de voluntades. Chicas que mueren por verse flacas, jóvenes que insultan a sus padres porque no pueden tener el último jean. El reino de los video-clips, comandado desde el trono de MTV, satura la pantalla del televisor con una sucesión de miles de imágenes sin sentido lógico.

Las mismas leyes rigen hoy el estilo de edificación: columnas que nada sostienen y escenografía huecas cambian la fachada de cualquier lugar. En el terreno de lo empresarial, algunos de los negocios más productivos de la última época son las llamadas empresas virtuales. Estructuralmente son pura imagen. No funcionan en un gran edificio de oficinas llenas de empleados: desde un pequeño piso un par de personas maneja una gigantesca empresa que tiene publicidad por toda la ciudad y en todas las revistas, y de esa manera logran crear la imagen de una súper corporación.

De los títulos al carácter

Antes, quien llegaba a un puesto de prestigio era “alguien”. Cuando hablaba un líder político, social o religioso la gente escuchaba. Si una persona era médico, ingeniero, abogado, pastor o sacerdote, instantáneamente tenía el oído atento a los jóvenes que los admiraban por lo que habían logrado. Hoy los títulos no quieren decir nada. Los políticos siguen dando discursos con fuertes cargas morales pero nadie cree en lo que dicen.

Los jóvenes no están seguros de que los que llegaron lejos lo hicieron porque se esforzaron. Quizás hicieron trampa, quizás alguien les dio el dinero, quizás… Hoy se sospecha de las credenciales que exhibe la gente; lo que cuenta es lo que somos en realidad. Me gusta eso. Los jóvenes a los que sirvo quieren conocerme y ver si vivo lo que predico. Los que solamente me escuchan tal vez resulten inspirados, animados o simplemente entretenidos; pero la influencia es mayor si ven que es posible vivir lo que digo. Las nuevas generaciones estarán cada vez más interesadas por ver personas íntegras, que muestran coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

De los educados a los especialistas

El lema de mi escuela secundaria era “saber es poder”. No se aclaraba que éra lo que había que saber; simplemente había que saber, y sobre esa idea estaban armados los programas de estudio. Educarse era acumular conocimientos generales en muchas áreas; cada año adquiríamos poco de conocimiento sobre muchos temas y no llegábamos a saber mucho de nada.
Hoy el mercado laboral requiere conocimientos específicos y la educación tiene que cambiar para responder a eso.

En países como Japón y Estados Unidos de Norteamérica los niños tienen pocos conocimientos generales; en lugar de ello desde pequeños se van desarrollando como especialistas en algo.
Esta tendencia también se da en la formación de pastores y ministros. Antes los seminarios enseñaban Biblia en forma general; ahora tienen distintas especializaciones: misiones, teología, crecimiento de la iglesia, predicación, ministerio juvenil. Aunque algunos van más lento, todo se está moviendo en esta dirección.

De la rebeldía a la indiferencia

Los años sesenta invitaban a nuestros padres a la rebeldía social. Las protestas estudiantiles estuvieron a la orden por años. Los primeros movimientos ecologistas empezaron a hacer sus reclamos en esa época. El rock’n’roll era el himno que sonaba. La onda era oponerse. No importaba mucho a qué, pero rebelarse traía prestigio. Los jóvenes eran considerados la mayor fuerza de cambio social entre los sesenta y los setenta.

Pero pese a las manifestaciones, a lo hippies y a sus propuestas de estilo de vida diferente, la sociedad siguió moviéndose en dirección a la corrupción y al consumismo. Las siguientes generaciones expresaron su sentimiento en una frase que ya está instalada entre nosotros: “Que me importa”.

Hablo con adolescentes y les pregunto qué piensan de la sociedad, de los líderes actuales, de la política… y compruebo que a la mayoría no les interesa. “Son todos unos corruptos” es la respuesta más frecuente que recibo. Algunos un poco más inclinados a pensar concluyen que no hay salida porque se trata de un sistema corrupto.
Es evidente que las nuevas generaciones tienen mucho más interés en si mismos y menos interés en la comunidad que lo que sucedía entre sus antecesores. El razonamiento popular funciona más o menos así: Si no voy a lograr nada, no me interesa involucrarme.

De la productividad al placer

En una era donde todo tiene que ser “ya” y “ahora”, queda poco espacio para pensar en producir para el futuro. Los jóvenes de hoy quieren disfrutar del momento. Nuestros abuelos tenían una especial fascinación con el trabajo; en especial para los hombres, su trabajo era todo. Había que avanzar y había que hacer. Ahora la publicidad nos deja embobados con anuncios que prometen que podremos acceder instantáneamente a esos tesoros por lo que nuestros abuelos luchaban.

Es increíble todo lo que la publicidad trata de hacernos creer. Si tienes una tarjeta de crédito el mundo está en tus manos. SI tienes una Pepsi serás aceptado por los de tu generación. Si tomas la cerveza correcta unos ojos azules quedarán mirando a los tuyos.
Nunca en la historia ha habido tantas formas de entretenimiento, tantos gustos, tantos productos ni tanta ropa. La industria del placer es un gigante. Cada vez se anuncian más objetos para hacer cómoda la vida. No cabe duda de que todo esto influye en nuestra manera de pensar.

Estamos muy lejos de aquellos inmigrantes europeos que llegaron a América a sudar la gota gorda para trabajar la tierra. Si puedes obtener placer sin trabajar y sin hacer esfuerzo serás considerado un genio por tus amigos. Relax era un mala palabra generaciones atrás; hoy es sinónimo de bienestar.

De la religiosidad al misticismo

Prendes el televisor, y hasta los dibujos animados están llenos de mística. Los héroes o villanos de innumerables programas infantiles y adolescentes son dioses, demonios, ángeles y espíritus. Lo mismo ocurre en los videojuegos.

En la década de los ochenta se instaló un nuevo concepto en la generación joven. Luke Skywalker, el personaje principal de la guerra de las galaxias, tenía que atacar una súper nave espacial del tamaño de la luna. Todo dependía de él. La nave enemiga era lo más avanzado en tecnología; nada podía vencerla. La única posibilidad era llegar a través de un pequeño túnel hasta el centro y bombardear su punto débil. Sin embargo, sólo era posible llegar hasta allí si algo especial te guiaba.

No había ningún sistema que lo pudiera hacer, pero luke tenía “la fuerza”. Poseía una energía interior que lo dirigía desde el centro de su propio ser. Así, Luke llega hasta el núcleo central, lo bombardea y la súper nave explota.

Era la primera vez en mucho tiempo que desde la pantalla grande se nos decía que había algo superior a la tecnología y que ese algo podía estar adentro de nosotros. Hoy muchos cantantes y artistas se consideran “espirituales”, y afirman que están buscando su verdadero yo o su “ser inferior”.

A veces me siento en templos católicos para observar a la gente. Cada vez veo más adolescentes frente a las imágenes; no obstante, cada vez es menos frecuente que la gente se comprometa de manera constante en alguna institución religiosa. Le pregunté acerca de esto a un grupo de adolescentes no cristianos y me respondieron que no creían en las iglesias, ni en los pastores ni en los curas, pero sí tenían contacto con Dios. Decir que uno es espiritual está bien visto en la mayoría de los medios; sin embargo, decir que uno practica una religión no atrae muchos amigos.

Todo cambia

Es importante reconocer todos estos cambios. Este es el campo de acción de la presente y siguiente generación. Hay desafíos y oportunidades que no puedes ignorar. Reconocerlos nos ayuda a anticipar el futuro y a responder a las preguntas del presente con lenguaje del presente.
Como dije al empezar, cada uno de estos cambios contiene elementos positivos y negativos. Podríamos seguir hablando y anotando detalles, pero mi intención aquí es mencionar los cambios para tenerlos en cuenta, sin hacer un juicio de valor.
Sin duda, la iglesia también ha cambiado. De eso hablaremos mas adelante.

Extraido del libro "Viene David" editado por certeza.
El Autor es Presidente de LAGRAM INTERNACIONAL (Liderazgo de Adolescentes y Grupos de AMigos) -www.lagram.com.ar

 
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