Una caja
diferente apareció en los ochenta y se
metió en muchas casas en los noventa: la
computadora. La informática transformó
primero la vida de las oficinas y siguió
luego en camino de cambiarle la cara a la sociedad
entera. Surgió un lugar de encuentro donde
no tienes que estar de cuerpo presente.
El ciberespacio no le hace caso a la distancia.
Ahora mismo puedes “verte” con alguien
del otro lado del globo o dejar entrar en la sala
de tu casa a algún extraño que quiera
“chatear” del tema que les interesa
a ambos.
Todos estos
cambios nos afectan. La vida de tu generación
es muy distinta a la de la generación anterior;
en los últimos sesenta años cambiaron
más cosas que en los anteriores dos mil.
Hay nuevas maneras de pensar; costumbres que hoy
son cosa de todos los días, antes eran
impensables. Algunos cambios han sido buenos,
pero otros han sido muy malos.
Disculpe,
¿es este el planeta tierra?
El nuevo “valle de Ela” o campo de
batalla es muy distinto al de épocas pasadas
y debemos reconocer el terreno. Si queremos ser
una generación victoriosa de discípulos
de Jesucristo, debemos estar actualizados. David
atacó a Goliat con las armas que usaba
a diario y estoy convencido de que una iglesia
viva debe saber usar los recursos que hoy tiene
a mano para hacer un impacto poderoso.
Muchos se asustan con sólo pensar en los
tiempos posmodernos y sólo ven los aspectos
negativos; se desaniman antes de avanzar o prefieren
no darse cuenta de lo que está sucediendo.
Yo era uno de estos, pero luego cambié.
Me di cuenta de que en cada nuevo desafío
se escondía una nueva oportunidad.
Si queremos alcanzar a nuestra generación
con el mensaje del evangelio, tenemos que identificar
los progresos y los retrasos que han tenido lugar
en el mundo. Te invito a echar una mirada a algunos
de los cambios fundamentales.
David se levanta de la tumba, camina por las calles
y queda asombrado. ¡Todo es tan distinto!
Lee los diarios, las revistas, mira la televisión,
habla con los chicos en la puerta de una escuela
y espía por una ventana la vida de una
familia de tu ciudad. Anota en su diario los siguientes
cambios.
De
lo absoluto a lo relativo
Los generadores
de opinión (los personajes populares o
los medios de comunicación que generan
opiniones que después mucha gente toma
como propia) mezclaron los negros y los blancos
morales y crearon una infinita gama de grises.
Conductas que antes eran inadmisibles hoy son
una posibilidad más. En el terreno religioso,
la cultura popular latinoamericana antes decía
que si no eras católico estabas perdido;
hoy se afirma que hay muchos caminos para llegar
a Dios y que todas las religiones son igualmente
válidas. Los valores ya no se consideran
absolutos sino relativos a las circunstancias
y la conveniencia de cada uno.
Abres internet y puedes sacar la más actualizada
información o la peor basura pornográfica.
Lo mismo ocuerre en todos los terrenos. Tienes
que elegir por ti mismo entre las distintas opciones.
Algunos lo consideran “tolerancia”
y dicen que así la sociedad es más
justa. Otros ponen el grito en el cielo y reclaman
tener derecho a ejercer algún tipo de juicio
de valor sobre la conducta privada de los demás.
Un ejemplo es el tema de la homosexualidad.
De
la familia a la multifamilia
Un tercio
de los niños de Estados Unidos de Norteamérica
tienen padres que se han divorciado. Los hijos
de estas familias tienen hermanos compartidos
con otros papás y mamás y muchas
veces son criados por padres no naturales. No
estamos muy lejos de esta situación en
nuestras ciudades de Latinoamérica. La
hermana menor de mi esposa era la única
de su clase con una familia con papá y
mamá en casa. Entre latinos que pastoreaba
en una iglesia en Los Angeles ocho de cada diez
de los jóvenes tenían uno de sus
padres ausentes.
Sean cuales fueren las causas de cada ruptura
familiar. Dios quiere que compartamos su amor
y su poder con esta generación en la situación
en que se encuentran. Hay mucho material para
estudio bíblico y muchos sermones que no
tienen en cuenta cuántos jóvenes
en la iglesia viven esta situación; sin
querer resultan poco prácticos e incluso
hacen sentir culpables a los que heredaron este
problema.
De
lo duradero a lo fugaz
Me asombró
saber que hay personas que trabajan en la medición
de qué palabras, idéas, marcas y
personajes son más nombrados por los medios.
En el caso de las palabras, algunas se han bajado
del podio para dejarle el lugar a otras. Por ejemplo,
las palabras progreso, ideal, proyecto, funcional
han dejado de sobresalir; entre las que ganaron
espacio están: imagen, light, diet, onda,
consumo, todas palabras conectadas con la fiebre
que hay por tener y aparentar.
Décadas atrás era importante lo
que uno poseía como bien duradero. Hoy
lo que importa es responder a la moda del momento.
El gigantesco aparato publicitario armado por
los grandes empresarios sostiene que “para
muestra basta una imagen”. No cabe duda
de que la imagen estática gobierna miles
de voluntades. Chicas que mueren por verse flacas,
jóvenes que insultan a sus padres porque
no pueden tener el último jean. El reino
de los video-clips, comandado desde el trono de
MTV, satura la pantalla del televisor con una
sucesión de miles de imágenes sin
sentido lógico.
Las mismas
leyes rigen hoy el estilo de edificación:
columnas que nada sostienen y escenografía
huecas cambian la fachada de cualquier lugar.
En el terreno de lo empresarial, algunos de los
negocios más productivos de la última
época son las llamadas empresas virtuales.
Estructuralmente son pura imagen. No funcionan
en un gran edificio de oficinas llenas de empleados:
desde un pequeño piso un par de personas
maneja una gigantesca empresa que tiene publicidad
por toda la ciudad y en todas las revistas, y
de esa manera logran crear la imagen de una súper
corporación.
De
los títulos al carácter
Antes,
quien llegaba a un puesto de prestigio era “alguien”.
Cuando hablaba un líder político,
social o religioso la gente escuchaba. Si una
persona era médico, ingeniero, abogado,
pastor o sacerdote, instantáneamente tenía
el oído atento a los jóvenes que
los admiraban por lo que habían logrado.
Hoy los títulos no quieren decir nada.
Los políticos siguen dando discursos con
fuertes cargas morales pero nadie cree en lo que
dicen.
Los jóvenes no están seguros de
que los que llegaron lejos lo hicieron porque
se esforzaron. Quizás hicieron trampa,
quizás alguien les dio el dinero, quizás…
Hoy se sospecha de las credenciales que exhibe
la gente; lo que cuenta es lo que somos en realidad.
Me gusta eso. Los jóvenes a los que sirvo
quieren conocerme y ver si vivo lo que predico.
Los que solamente me escuchan tal vez resulten
inspirados, animados o simplemente entretenidos;
pero la influencia es mayor si ven que es posible
vivir lo que digo. Las nuevas generaciones estarán
cada vez más interesadas por ver personas
íntegras, que muestran coherencia entre
lo que dicen y lo que hacen.
De
los educados a los especialistas
El lema
de mi escuela secundaria era “saber es poder”.
No se aclaraba que éra lo que había
que saber; simplemente había que saber,
y sobre esa idea estaban armados los programas
de estudio. Educarse era acumular conocimientos
generales en muchas áreas; cada año
adquiríamos poco de conocimiento sobre
muchos temas y no llegábamos a saber mucho
de nada.
Hoy el mercado laboral requiere conocimientos
específicos y la educación tiene
que cambiar para responder a eso.
En países como Japón y Estados Unidos
de Norteamérica los niños tienen
pocos conocimientos generales; en lugar de ello
desde pequeños se van desarrollando como
especialistas en algo.
Esta tendencia también se da en la formación
de pastores y ministros. Antes los seminarios
enseñaban Biblia en forma general; ahora
tienen distintas especializaciones: misiones,
teología, crecimiento de la iglesia, predicación,
ministerio juvenil. Aunque algunos van más
lento, todo se está moviendo en esta dirección.
De
la rebeldía a la indiferencia
Los años
sesenta invitaban a nuestros padres a la rebeldía
social. Las protestas estudiantiles estuvieron
a la orden por años. Los primeros movimientos
ecologistas empezaron a hacer sus reclamos en
esa época. El rock’n’roll era
el himno que sonaba. La onda era oponerse. No
importaba mucho a qué, pero rebelarse traía
prestigio. Los jóvenes eran considerados
la mayor fuerza de cambio social entre los sesenta
y los setenta.
Pero pese a las manifestaciones, a lo hippies
y a sus propuestas de estilo de vida diferente,
la sociedad siguió moviéndose en
dirección a la corrupción y al consumismo.
Las siguientes generaciones expresaron su sentimiento
en una frase que ya está instalada entre
nosotros: “Que me importa”.
Hablo con adolescentes y les pregunto qué
piensan de la sociedad, de los líderes
actuales, de la política… y compruebo
que a la mayoría no les interesa. “Son
todos unos corruptos” es la respuesta más
frecuente que recibo. Algunos un poco más
inclinados a pensar concluyen que no hay salida
porque se trata de un sistema corrupto.
Es evidente que las nuevas generaciones tienen
mucho más interés en si mismos y
menos interés en la comunidad que lo que
sucedía entre sus antecesores. El razonamiento
popular funciona más o menos así:
Si no voy a lograr nada, no me interesa involucrarme.
De
la productividad al placer
En una
era donde todo tiene que ser “ya”
y “ahora”, queda poco espacio para
pensar en producir para el futuro. Los jóvenes
de hoy quieren disfrutar del momento. Nuestros
abuelos tenían una especial fascinación
con el trabajo; en especial para los hombres,
su trabajo era todo. Había que avanzar
y había que hacer. Ahora la publicidad
nos deja embobados con anuncios que prometen que
podremos acceder instantáneamente a esos
tesoros por lo que nuestros abuelos luchaban.
Es increíble todo lo que la publicidad
trata de hacernos creer. Si tienes una tarjeta
de crédito el mundo está en tus
manos. SI tienes una Pepsi serás aceptado
por los de tu generación. Si tomas la cerveza
correcta unos ojos azules quedarán mirando
a los tuyos.
Nunca en la historia ha habido tantas formas de
entretenimiento, tantos gustos, tantos productos
ni tanta ropa. La industria del placer es un gigante.
Cada vez se anuncian más objetos para hacer
cómoda la vida. No cabe duda de que todo
esto influye en nuestra manera de pensar.
Estamos muy lejos de aquellos inmigrantes europeos
que llegaron a América a sudar la gota
gorda para trabajar la tierra. Si puedes obtener
placer sin trabajar y sin hacer esfuerzo serás
considerado un genio por tus amigos. Relax era
un mala palabra generaciones atrás; hoy
es sinónimo de bienestar.
De
la religiosidad al misticismo
Prendes
el televisor, y hasta los dibujos animados están
llenos de mística. Los héroes o
villanos de innumerables programas infantiles
y adolescentes son dioses, demonios, ángeles
y espíritus. Lo mismo ocurre en los videojuegos.
En la década de los ochenta se instaló
un nuevo concepto en la generación joven.
Luke Skywalker, el personaje principal de la guerra
de las galaxias, tenía que atacar una súper
nave espacial del tamaño de la luna. Todo
dependía de él. La nave enemiga
era lo más avanzado en tecnología;
nada podía vencerla. La única posibilidad
era llegar a través de un pequeño
túnel hasta el centro y bombardear su punto
débil. Sin embargo, sólo era posible
llegar hasta allí si algo especial te guiaba.
No había ningún sistema que lo pudiera
hacer, pero luke tenía “la fuerza”.
Poseía una energía interior que
lo dirigía desde el centro de su propio
ser. Así, Luke llega hasta el núcleo
central, lo bombardea y la súper nave explota.
Era la primera vez en mucho tiempo que desde la
pantalla grande se nos decía que había
algo superior a la tecnología y que ese
algo podía estar adentro de nosotros. Hoy
muchos cantantes y artistas se consideran “espirituales”,
y afirman que están buscando su verdadero
yo o su “ser inferior”.
A veces me siento en templos católicos
para observar a la gente. Cada vez veo más
adolescentes frente a las imágenes; no
obstante, cada vez es menos frecuente que la gente
se comprometa de manera constante en alguna institución
religiosa. Le pregunté acerca de esto a
un grupo de adolescentes no cristianos y me respondieron
que no creían en las iglesias, ni en los
pastores ni en los curas, pero sí tenían
contacto con Dios. Decir que uno es espiritual
está bien visto en la mayoría de
los medios; sin embargo, decir que uno practica
una religión no atrae muchos amigos.
Todo
cambia
Es importante
reconocer todos estos cambios. Este es el campo
de acción de la presente y siguiente generación.
Hay desafíos y oportunidades que no puedes
ignorar. Reconocerlos nos ayuda a anticipar el
futuro y a responder a las preguntas del presente
con lenguaje del presente.
Como dije al empezar, cada uno de estos cambios
contiene elementos positivos y negativos. Podríamos
seguir hablando y anotando detalles, pero mi intención
aquí es mencionar los cambios para tenerlos
en cuenta, sin hacer un juicio de valor.
Sin duda, la iglesia también ha cambiado.
De eso hablaremos mas adelante.
Extraido
del libro "Viene David"
editado por certeza.
El Autor es Presidente de LAGRAM INTERNACIONAL
(Liderazgo de Adolescentes y Grupos de AMigos)
-www.lagram.com.ar