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El juicio

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La santidad y la justicia de Dios son las bases para Su Juicio.

Antecedentes

El juicio bíblico es uno de los temas peor comprendidos por los cristianos. La idea de un juicio general en el que todas las personas de todas las eras se presentarán ante el Creador de los cielo y la tierra ha prevalecido en forma errónea: Las “ovejas” serán separadas de las “cabras”, y cada quien irá al lugar que le corresponde.

Todos – santos y pecadores – seremos juzgados; pero no al mismo tiempo. Los juicios difieren en sujetos, tiempos, lugares y resultados.

Habrá tres juicios para el creyente en Cristo:


1. Ya fue juzgado por sus pecados en el Calvario.
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5.21).

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero; para que nosotros, estando muertos al pecado, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2.24).

Jesús llevó sobre sí mismo todo el juicio justo de Dios contra el pecado. El creyente recibe a Cristo como su portador de pecados, lo que quiere decir que confía plenamente en la redención realizada en el Calvario, y queda libre del pecado y la culpa. El creyente no volverá a ser juzgado por sus pecados.

2. Algún día se presentará ante el juicio de Cristo, para ser juzgado por sus obras o su servicio como cristiano. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho, mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5.10).

Este juicio hará que algunos reciban recompensas, mientras que otros sufrirán pérdidas. Algunos no tendrán obras provechosas que depositar a los pies del Señor, mientras otros recibirán el nombre de “siervos buenos y fieles”, y se les pedirá que entren al gozo de su Señor. Este juicio sigue inmediatamente al rapto de los creyentes, tanto vivos como muertos, según se indica en 1 Tesalonicenses 4.15-17

3. También existe el autojuicio diario del creyente.
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139.23-24).

“El mantener las cuentas claras” con el Señor es el único modo de alanzar la madurez espiritual. Este juicio propio da como resultado la confesión y el perdón. “El que encubre sus pecados, no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28.13). “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1.9).

Habrá un juicio de los perdidos o inconversos, que se conoce como el juicio ante el gran trono blanco (Apocalipsis 20.11-15).

Todas las personas que se encuentran en el infierno estarán allá por haber rechazado la salvación de Dios y escogido, en lugar de ello, servir a Satanás. Las Escrituras indican claramente que todas esas personas se presentarán en el juicio ante el Gran Trono Blanco, y que se les juzgará sobre la base de la luz que tuvieron a su disposición y rechazaron mientras estaban en la tierra.

Este juicio seguirá al juicio final del diablo por Dios (Apocalipsis 20.10), y los ángeles rebeldes (Judas 6), y tendrá lugar después del reinado del milenio. Los perdidos de todas las épocas se presentarán ante Dios para ese juicio, el más terrible de todos (Mateo 12.36). La justicia de Dios pesará a todos en la balanza, para ratificar la condenación de quienes hayan rechazado la obra redentora de Su Hijo.

Habrá también juicios en el futuro para las naciones vivas de Israel. (Véase Mateo 25.31-46 y Ezequiel 20.33-349.

Estrategia de asesoramiento

Si su interlocutor teme al juicio venidero y sus consecuencias:

1. Asegúrenle que Dios le ofrece Su amor, “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9). “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.17).

2. Invítenle a que reciba a Jesucristo como su Señor y Salvador.

3. Anímenle para que adopte una posición firme por Cristo, para permanecer de pie y ser contado. Deberá leer y estudiar todos los días la Palabra de Dios.

4. Aconséjenle que busque compañerismo y oportunidades de adorar y servir en una iglesia local donde se enseñe la Biblia.

5. Oren con esa persona para que llegue a conocer la realidad de Cristo en su propia vida.

Si no conoce las enseñanzas bíblicas sobre los juicios:

1. Explíquenle lo que se da en los antecedentes. Nota: La mayoría de las sectas enseñan errores a este respecto.

2. Invítenle a que reciba a Cristo, si es oportuno dentro de la conversación.

3. Sigan los consejos que se dieron antes en los puntos 3, 4,5.

Citas bíblicas

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a  la carne, sino conforme al Espíritu”. (Romanos 8.1).

“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno, cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3.11-15).

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo. Y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20.11-14).
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