Estrategia 1: Deje de mirar
el reloj
El aburrimiento embrutece; si usted
no tiene cuidado, puede convertirlo en un esclavo del
reloj. Su desafío es descubrir formas de participar
más, de mejorar su trabajo sin agregarle simplemente
más tarea. La clave está en pensar en forma
cualitativa, no cuantitativa. No más, sino mejor.
¿Cómo? Para empezar,
mantenga ojos y oídos abiertos a fin de estar alerta
a proyectos nuevos que puedan interesarle. Mejor aún,
invente un proyecto que resuelva un problema de la organización
y haga fluir su vena creativa.
Una head-hunter que sufría de burn-out en su tarea
de búsquedas ejecutivas, y un consultor que estaba
harto de capacitar gerentes, dividieron sus tareas por
la mitad e intercambiaron responsabilidades; los dos empezaron
a disfrutar del nuevo crecimiento.
A la head-hunter le sorprendió
sobremanera ver cuánto disfrutaba de la capacitación.
De hecho, le gustó tanto que decidió dedicarse
full-time, algo que nunca se le hubiera ocurrido.
Estrategia 2: Sepa aceptar
un cumplido
Siempre es bueno saber que los
demás nos aprecian, tanto a nosotros como a nuestro
trabajo. Lamentablemente, los elogios tienden a ser escasos,
mientras que las críticas abundan.
¿Por qué existe esta
discrepancia? El presidente de un conocido banco comercial
observa: “Cada vez que le digo a alguien que está
trabajando muy bien, me pide un aumento. Y se enoja si
le digo que en ese momento no puedo brindárselo”.
El presidente se encuentra en una típica situación
sin salida. Independientemente de lo que haga, siempre
será el malo de la película, ya sea por
no darse cuenta del buen trabajo de sus empleados o por
alabarlos sin recurrir a las arcas de la empresa para
recompensarlos. A menos que empiece a repartir aumentos
y bonificaciones juntamente con sus felicitaciones, lleva
siempre las de perder.
Toda historia tiene dos lados.
Los gerentes deben elogiar el buen trabajo de sus subordinados,
aunque no planeen una recompensa financiera a continuación.
Pero los empleados deben aprender a aceptar los cumplidos
como lo que son: una muestra de aprecio.
Estrategia 3: Felicítese
(cada tanto)
Quizá usted siente que es
un lujo que, de vez en cuando, alguien en el trabajo le
diga: “Gracias. Bien hecho”. No es el único.
Mucha gente considera que dan por sentado que su tarea
está bien hecha. Es cierto que los colegas y los
jefes pueden ser competitivos, y algunos clientes pueden
llegar a colmar su reverenda paciencia. Pero aunque ellos
no le entreguen nunca una medalla o un diploma, usted
aun puede sentirse bien si reconoce y aprecia sus propios
logros y puntos fuertes.
A pesar de la queja usual de que
la fuerza laboral está plagada de fanfarrones que
se creen el centro de la tierra y subestiman su propio
potencial, también se da mucho el caso opuesto.
En lo que a mí respecta, he conocido cientos de
personas sumamente autocríticas que permanentemente
subestiman sus propias capacidades y pecan de modestas.
Dado que son tan severas consigo mismas, necesitan más
estímulo y aprobación que lo que suelen
recibir. El resultado lleva, inevitablemente, a una dependencia
hostil respecto de la persona (por lo general un jefe)
de la que se esperan los cumplidos. Lo que de hecho ocurre
es que la persona modesta sólo está negándose
a sí misma los halagos.
Para salir de esa rutina, una consultora
de mi equipo, muy competente, se dio cuenta de que necesitaba
una manera más objetiva de evaluar sus propias
capacidades. De manera que leía y releía
las evaluaciones que los clientes hacían de ella
en sus seminarios, en las que siempre se la elogiaba por
su paciencia, buen humor y estilo informativo. Cada vez
que se sentía mal consigo misma, las evaluaciones
le recordaban que era una persona realmente eficiente
y competente.
Estrategia 4: Tome las
críticas como lo que son
El hecho de que alguien le diga
que usted trabaja mal no significa que usted sea un/a
idiota. Simplemente significa que a alguien no le cae
bien. Por más que no sea algo agradable, no tiene
por qué ser un reflejo de lo que usted realmente
vale.
Los conflictos de personalidad
llevan a confrontaciones hostiles que resultan dolorosas
para todos los involucrados. Pero aún, los insultos
arrojados quedan grabados por años.
Una periodista de 30 años
de edad aún recuerda lo humillada que se sintió
la vez en que un gerente la llamó “chiquilina
inmadura” cuando tenía 23. Es el día
de hoy que, cuando evoca el incidente, la frase le hace
llenar los ojos de lágrimas y arremete con furia.
Los cosas hay que tomarlas como
de quien vienen. Intente, en lo posible, reencausar la
controversia hacia carriles más neutrales y profesionales.
Estrategia 5: Construya
relaciones positivas
Lo política positiva de
oficina no se trata sólo de limar asperezas con
los enemigos. También significa crear alianzas
con aquellas personas que pueden ayudarnos.
Para sentirse mejor en su lugar
de trabajo y desarrollar relaciones más estrechas
dentro de su empresa, tenga en cuenta las siguientes sugerencias:
· Inscríbase en cursos
que puedan ayudarlo a mejorar sus técnicas de comunicación,
juego en equipo y liderazgo. Luego ponga en práctica
lo aprendido con aquellas personas que más lo hacen
sufrir.
· Busque responsabilidades que le permitan trabajar
con distintos tipos de colegas, y no los mismos pocos
con los que suele alternar. Esto mejorará sus habilidades
interpersonales, ampliará su visibilidad y revitalizará
su jornada laboral.
· Solicite que le asignen tareas con gente que
realmente le guste. Tras permanecer cierto tiempo con
ellos, lo más seguro es que usted se sienta bien
con usted mismo y con su empresa.
· Ofrézcase para integrar una comisión
que esté a cargo de un proyecto o tema interesante,
a fin de poder desarrollar una comunidad interna de colegas
con intereses y valores compartidos.
· Cuando tenga tiempo y energía, colabore
para ayudar a otros que tengan “sobrecarga de trabajo”.
Adquirirá reputación de jugador en equipo,
y desarrollará una red de apoyo que lo ayudará
cuando requiera que le devuelvan el favor.
· Ofrezca reconocimiento a aquellos que lo merezcan.
En vez de tratar de robarse los laureles, compártalos
con los demás. La gente se sentirá mejor
al trabajar con usted y para usted.
· Esté atento a pequeñas maneras
de fomentar la colaboración y no los conflictos.
Cuando otros perciban su actitud, pueden llegar a suavizarse.
· No guarde rencores. Forman mala voluntad y traen
úlcera. El enojo crónico es síntoma
de problemas emocionales serios. A la larga trae malas
consecuencias para quien lo padece.
Estrategia 6: Tome la política
como un desafío
Las peores atrocidades en el trabajo
se producen en nombre de la “política de
la oficina”. Por lo general, este es el término
utilizado para aludir a cualquier punto débil de
la vida grupal. Se refiere a las formas mezquinas y manipuladoras
que tiene la gente de acuchillar por la espalda o adular
con tal de sobresalir.
La política de la oficina
a veces puede formar alianzas indignas, ambiciosas, insidiosas
y maquinadoras. Si usted es como mucha gente de bien,
seguramente no deseará ser parte de ellas. Preferirá
almorzar sin compañía en un rincón
del comedor, con la nariz enterrada en el diario.
Mientras los demás chismorrean
junto a la máquina de café o van del brazo
al bar de la esquina (sumidos en conversación),
usted se convertirá en una persona huraña
y solitaria que será siempre la última en
enterarse de lo que debe saber.
La invisibilidad tiene su precio. Los demás sienten
que usted los juzga y, ¿sabe qué?, no permitirán
que usted se interponga en sus caminos. Lo que es más,
solo no podrá llegar a nada.
La frase “política
de la oficina” tiene connotaciones desagradables;
es mejor olvidarla. Dado que es mejor para usted llevarse
bien con sus colegas, ¿por qué no llamarla
“entendimiento social”? Empiece a considerar
la política como un desafío del desarrollo
de la convivencia con personas difíciles.
La mayoría de la gente no
es lo suficientemente diplomática o política.
Quieren esconder la cabeza en la arena y que el problema
se resuelva por sí solo. No se dan cuenta de que
esto no es posible.
Dos gerentes senior tenían
problemas de convivencia, y esto perjudicaba tanto a sus
subordinados como al vicepresidente que los supervisaba.
En un movimiento político particularmente astuto,
uno de los gerentes decidió buscar la forma de
relacionarse mejor con su colega (más volátil).
Compartió este objetivo con el jefe, para poder
evaluar juntos las posibilidades.
Al demostrar la iniciativa de resolver
el problema y solucionar también la preocupación
del jefe, este sabio gerente convirtió un conflicto
interpersonal en una oportunidad de mejorar sus habilidades
de desarrollo de equipo y afirmar su alianza con sus superiores.
El otro gerente, a su vez, quedó como una persona
difícil e irracional para trabajar.
Para el gerente que hizo el esfuerzo adicional, hay dos
recompensas inmediatas. Primero, deja de ser una víctima
pasiva del mal humor de su colega. Segundo, ahora es más
probable que su jefe esté más a su lado
cuando surja algún incidente.
Estrategia 7: Dígale
no al odio
El odio no es una emoción
productiva. Empaña la visión, distorsiona
el juicio y conduce al resentimiento. El odio mata el
espíritu y paraliza con amargura a la persona que
lo siente.
Considere a modo de ejemplo a cierta
gerente de productividad que estaba furiosa con su jefe,
el vicepresidente senior de recursos humanos, por demostrar
“favoritismo” hacia otro gerente. En cambio,
fue por detrás –y por arriba– a quejarse
de él. Dado el concepto sobresaliente que de él
tenían sus superiores, lo único que ella
consiguió fue llamar la atención sobre el
conflicto y ensuciar su propia posición en la empresa.
Cuando usted pierde el control
de sus emociones en su trabajo, lo mejor es siempre tomarse
un tiempo para enfriarse antes de tratar de resolver lo
que le molesta. Las acusaciones formuladas en caliente
suelen ser poco profesionales, inadecuadas y contraproducentes.
Una vez expresadas ya no pueden ser retiradas y pocas
veces caen en el olvido. En el fragor del momento, los
sentimientos pueden convertir llamas pequeñas en
incendios y animosidades capaces de destruir una carrera.
En vez de caer en picada con sus
emociones, intente (en lo posible) desarrollar un enfoque
que lo lleve a resolver el problema en forma racional.
Por ejemplo, el vicepresidente senior que supuestamente
daba tratamiento preferencial se dio cuenta de que el
problema estaba destruyendo el ánimo de su división.
A fin de remediar la situación, contrató
un consultor para desarrollar mejores técnicas
de comunicación y de trabajo en equipo.
Recuerda esto: El Amor no
es un sentimiento...es una actitud