Inicio
Sermones
Estudios
Evangelismo
Misiones
Ministerio
Devocionales
Consejeria
Mujer
Jóvenes
Música
Liderazgo
Finanzas
Vida Cristiana
Chat
 
¿Creémos nosotros en el Espíritu Santo?
Samuel Chadwick

El Credo de los Apóstoles contiene diez artículos sobre la Persona y obra del Señor Jesucristo, y sólo uno sobre el Espíritu Santo. La proporción de diez a uno representa el interés en la doctrina del Espíritu en la historia del pensamiento cristiano.

Ninguna doctrina de la fe cristiana ha sido tan dejada de lado. Son muy escasos los sermones e himnos sobre este tema, y el último libro escrito sobre el Espíritu, hasta la fecha, se editó en 1674. Esto es digno de destacarse, pues sabemos que el Espíritu Santo ha sido la última y más prominente Revelación y la única fuerza en la obra de la Redención.

Ninguna religión tiene nada que corresponda o que se le pueda comparar a la doctrina del cristianismo sobre el Espíritu Santo, y no hay nada dentro de la fe cristiana que sea tan importante, vital y efectivo como esta doctrina. John Owen habla de ella como la «piedra de toque» de la fe; el artículo por medio del cual la Iglesia permanece o se derrumba. Thomas Arnold dice que «es sumamente importante, pues estamos viviendo bajo la dispensación del Espíritu; y en ese carácter Dios se revela a Sí mismo a Su pueblo. El que no conoce al Espíritu Santo, tampoco conoce a Dios».

Las Sagradas Escrituras declaran que el Espíritu es quien revela la verdad, el agente activo en toda obra de redención, y el instrumento de la gracia en la experiencia de la salvación. En ÉL, por medio de ÉL y por ÉL tenemos el poder que salva. La iluminación, la con. vicción, el arrepentimiento, la regeneración, la seguridad y la santificación, son todas obras de Dios el Espíritu eterno. P-1 es la Fuente de sabiduría y poder para la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, controlada por el Espíritu, quien mora en cada creyente. Él dirige, energiza y controla la Iglesia. Desde el principio al fin ésta ha sido y será la dispensación del Espíritu.

Las consecuencias del abandono

La Iglesia declara su fe en el Espíritu Santo cada vez que repite su Credo, pero ¿realmente cree en aquello que dice? Los escritores modernos no le dan mucha importancia, más bien lo consideran como una figura en el vocabulario de la atmósfera espiritual. Las doctrinas del Espíritu son ignoradas y Sus manifestaciones no se toman en cuenta. Algunas asambleas religiosas hacen largas pausas de silencio en sus reuniones, lo cual produce una excitación emocional, y piensan que así son «creyentes espirituales». Cuando nuestros padres sentían el fuego del Espíritu en sus corazones, alababan a Dios en alta voz. Ahora las iglesias tienden a cultivar la «influencia psicológica», y hablan del Espíritu de manera diferente al contenido de los Credos.

Los errores y desastres de la Iglesia forman una larga lista, y son debidos al olvido y abandono de considerar la importancia del Espíritu Santo y Su ministerio dentro de la Iglesia. Muchos de los estudiosos de la Biblia en nuestra época, sólo toman en cuenta su parte histórica y literaria. Los milagros, por ejemplo, no son vistos con el debido respeto y seriedad, más aún, se niegan, y lo mismo sucede con la profecía y la revelación divina. Nuestro Señor habló acerca del Espíritu como el Espíritu de Verdad, y prometió que Él guiará a Su pueblo a toda verdad. P-1 habló por medio de los profetas. Muchos hombres escribieron la Biblia, pero el Espíritu Santo es Su verdadero autor e inspirador, y, por lo tanto, no puede entenderse ni interpretarse la Escritura sin Su guía. r-1 tiene las llaves, y r-1 mismo es la Llave Maestra.

La Verdad revelada puede conocerse sólo por medio del Gran Revelador. Ignorando esto, los historiadores, literatos, arqueólogos, críticos y agnósticos están ciegos en medio de la luz. Lo mismo sucede con respecto a la fe en nuestro Señor Jesucristo, a la experiencia de la gracia y la doctrina de la Iglesia. Nadie puede llamar Señor a Jesús- a no ser por el Espíritu Santo, pero, sin embargo, los hombres están buscando interpretar a Cristo en términos del razonamiento, la historia y la filosofía.

La religión cristiana tiene un nuevo nacimiento en el poder del Espíritu. Esta se desarrolla bajo Su guía, y se sostiene por medio de Su presencia. Si ignora al Espíritu, su desarrollo se basará únicamente en la educación y la evolución. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, engendrada, unificada y habitada por el Espíritu Santo; pero si se deja de lado el Espíritu de Dios, los hombres empezarán a contender sobre los miembros, las funciones y las órdenes. La religión cristiana sin el Espíritu Santo carece de esperanzas.

Los problemas de la Iglesia

El mismo problema existe en cuanto al servicio cristiano. La Iglesia sin la presencia y el poder del Espíritu está desvalida. Nunca como en nuestro tiempo la Iglesia evidenció y habló tanto sobre sí misma y sus

muchos problemas. Esto es siempre un signo negativo. El deseo de hablar sobre su obra, aumenta a medida que su poder para obrar disminuye. Cuando la obra falla las conferencias se multiplican. Los problemas de la Iglesia nunca pudieron ni podrán resolverse con conversaciones, pues surgen a causa de grandes fallos. No hay necesidad de discutir el problema de alcanzar a las masas en tanto que éstas sean alcanzadas. No hay problema de iglesias vacías cuando los bancos están llenos. No existen problemas en cuanto a la enseñanza en la escuela dominical si ésta cubre las necesidades del corazón y de la vida del creyente.

El poder de atraer radica en la atracción, y sería inútil hacer propaganda de un banquete en el que no habrá nada para comer. Estamos actuando de manera tal, que da la sensación de que el único remedio para este declinar de la Iglesia fueran los métodos, las organizaciones y los compromisos. La Iglesia está fracasando en alcanzar a las mentes de hoy, en salir al encuentro de las necesidades presentes y en salvar a los hombres y mujeres de nuestra época. Los santos son «reyes y sacerdotes» aquí en la tierra, pero no reinan ni gobiernan; en lugar de ello, han dejado caer el cetro, eludiendo sus responsabilidades. La impotencia e incapacidad de la Iglesia es trágica y patética. La Iglesia sin el Espíritu está destinada a un rotundo fracaso.

Los creyentes sin el Espíritu Santo

La Iglesia conoce muy bien tanto la razón como el remedio para su fracaso. Los recursos humanos de la Iglesia nunca fueron tan numerosos como ahora. Las oportunidades de la Iglesia no fueron nunca antes tan gloriosas. La necesidad por la obra de la Iglesia no fue nunca tan urgente. El mundo está en crisis, y la Iglesia permanece estática e impotente en medio de todo. Muchas veces Dios tuvo que reprender a Su pueblo por estas razones.

La Iglesia ha perdido su autoridad, el secreto de su sabiduría y el don del poder, como consecuencia de haber dejado de lado la importancia que tiene el Espíritu de Dios. Cuando la sabiduría y los recursos del mundo sustituyen la presencia y el poder del Espíritu Santo, la confusión y la impotencia vienen como consecuencias inevitables y seguras.

Hay pruebas abundantes de lo que estoy afirmando. El Nuevo Testamento nos da varias evidencias de lo que es una Iglesia sin el Espíritu y una Iglesia con el Espíritu. La diferencia es obvia. La Iglesia donde Apolos ministraba no había oído sobre la venida del Espíritu Santo; pero la Iglesia de nuestros días no tiene excusa. Lo que pasa en nuestro medio es consecuencia de un pecado: el- pecado de la negación. La Iglesia ha sido reconstruida sin el Espíritu.

No se niega lo sobrenatural, pero se insiste en que lo sobrenatural debe conformarse a las leyes naturales. Se admite que la verdad es inspirada, pero su inspiración debe desarrollarse a lo largo de las líneas de la selección y el crecimiento natural. Se toma la fe como un asunto con fondo literario, ético y filosófico. La religión cristiana tiene simplemente el honor de ser menos mala que las demás.

Lo mismo pasa con los conceptos sobre el Señor Jesucristo. Se piensa que r-1 es simplemente la coronación y consumación de una humanidad progresiva. Se pone énfasis solamente sobre Jesucristo el Hombre, y en ese énfasis hay razón para regocijarse; pero lo extraño es que ha desaparecido el interés relativo a la revelación que el Espíritu hace sobre Cristo.

La doctrina sin la experiencia

La Iglesia tiene todavía su teología del Espíritu Santo, pero no tiene una conciencia viva de Su presencia y poder. La teología sin la experiencia es como la fe sin obras: está muerta. Las señales de la muerte son evidentes y abundan por doquier dentro de la Iglesia cristiana. Las reuniones de oración han muerto porque los hombres no creen en el Espíritu Santo.

La libertad de profetizar ha desaparecido porque los hombres creen en la investigación y no en la inspiración. Hay ausencia de conversiones porque la fe en el nuevo nacimiento como un acto creativo del Espíritu Santo ha perdido su aprehensión en el intelecto y el corazón. La experiencia del Segundo Don de la Gracia ya no se predica; porque se piensa que la experiencia cristiana, aunque tiene su comienzo en el Espíritu, debe perfeccionarse en la sabiduría de la carne y en la cultura de los institutos.

Cuando la sabiduría y los recursos del mundo sustituyen a la presencia y el poder del Espíritu, sobrevienen la confusión y la impotencia.

Como repercusión del materialismo existente, se levantan movimientos tales como la Ciencia Cristiana, el espiritualismo y la teosofía. Estos movimientos son consecuencia de la reacción del espíritu humano contra la esclavitud de la carne y de la mente, pero a través de un camino errado. Lo que en realidad necesita esta gente es la genuina experiencia de Pentecostés. El modernismo y el misticismo también son productos de una religión que no tiene su bautismo en el Espíritu Santo. El sacerdotalismo es otra de ellas. Estas cosas florecen en una tierra empobrecida y estéril. Son las obras de la carne, y el producto de la muerte espiritual. El remedio para ellas no es el reproche o la amargura. La respuesta está en una fe o creencia sobrenatural, y la única manera de obtenerla es por medio de la presencia permanente del Espíritu Santo.

Tomado de libro: Volvamos a Pentecostés
Editorial: Clie
Autor: Samuel Chadwick

Google
 
Web Sigueme Network
 
SIGUEMEMAS.COM © AÑO 2007 - info@siguememas.com
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS