"De cierto, de cierto os digo:
El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas,
sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.
Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas
es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz;
y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando
ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas;
y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al
extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen
la voz de los extraños" Juan 10:1-5.
¿Conoce usted la voz de su Pastor?
Repetiré la pregunta: ¿Puede usted identificar la voz
de Jesucristo? Yo creo que sí, ya que es una facultad
espiritual con la cual nos ha dotado el Señor a todos
los cristianos. Podemos discriminar la verdadera voz de
nuestro Buen Pastor, de aquella multiplicidad de "voces"
que vienen de otras fuentes, no divinas. Jesús dice que
sus ovejas "no conocen la voz de los extraños".
Mas que identificar los llamados
del mundo, de la carne y de Satanás como voces amenazantes
y peligrosas, para el cristiano son manifestaciones extrañas.
Sencillamente queremos seguir a Jesús porque le amamos
y queremos hacer su voluntad. Sabemos que los llamados
de la carne a satisfacerse en el pecado, nos dañan y no
es el deseo de Cristo. Sabemos que las voces tentadoras
del mundo a buscar la vanagloria de la vida, vivir para
pasarlo bien, el momento, las fiestas, el consumismo,
las drogas y el alcohol, el desenfreno y la ambición del
dinero, son voces extrañas que no armonizan con el Espíritu
que nos mueve.
Sabemos que la voz engañadora de
Satán, que toca nuestra debilidad y siembra cizaña en
la mente, no podemos seguirla. La oveja sensible a la
voz del Príncipe de los Pastores no cederá a la tentación
ni le seguirá. El Señor confía en el Espíritu que ha puesto
en nosotros. El Espíritu Santo es el que nos capacita
para discernir la voz de nuestro Pastor. Él dice: "Mas
al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen
la voz de los extraños". Hay que arrancar del Maligno,
no contaminarse con la manera antivalórica de este mundo
y jamás ceder a nuestra carne sino dominarla.
Más que en identificar las voces
negativas, concéntrese el samaritano, como todo cristiano,
en escuchar a Jesús. El niño conoce tanto la voz de su
padre y de su madre, que podrá identificarlos aún en la
oscuridad. Si escucha otra voz en la noche, es probable
que se asuste y huya; mas si es la de sus padres les abrazará.
Así también es el cristiano: está acostumbrado a la cariñosa
voz del Padre Celestial. Conocemos la manera de pensar,
sentir, actuar y sobretodo la manera de amar de nuestro
Dios.
Así es que cuando escuchamos palabras
o pensamientos disonantes con su modo, huimos. Hermano,
amigo: indudablemente tú conoces la Voz de nuestro Dios
y no puedes ser engañado. Ya lo dijo el Divino Pastor:
"va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen
su voz". La clave para no seguir esas voces extrañas es
conocer al Pastor, así como él nos conoce a nosotros,
en profundidad. Dice su Palabra que "a sus ovejas llama
por nombre, y las saca".
El nombre en la cultura judía era
muy importante, pues encerraba todas las características
personales de alguien, era casi como su alma. Pues, cuando
Jesús nos llama por nuestro nombre es porque nos conoce
a cada uno, con fortalezas y debilidades, pecados y virtudes,
integramente. También nosotros dediquémonos a conocer
el Nombre de nuestro Dios. Conocer al Señor, más que tener
mucha doctrina en la mente, es experimentar la presencia
de Él diariamente en el corazón.
Esa es la mejor manera de no ser
embaucado por otras voces. Por último, querido samaritano
y amigo, si por alguna razón usted no escuchase su voz
y se extraviara, debo recordarle que este Pastor jamás
le abandonará. "¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien
ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y
nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta
encontrarla? Y cuando la encuentra, le pone sobre sus
hombros gozoso; y al llegar a casa, reune a sus amigos
y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado
mi oveja que se había perdido" (San Lucas 15:4-6).
Pastor Iván Tapia Ministerio
El Buen Samaritano